La noticia de que la San Diego Comic-Con llegaría a Málaga causó un gran revuelo. No era para menos: por primera vez en su historia, la convención de cultura pop más importante del mundo cruzaba las fronteras de Estados Unidos. Se abría una ventana en Europa para que cientos de miles de fanáticos, artistas, creadores y empresas relacionadas con el cómic, cine, televisión, videojuegos, anime, manga, literatura de ciencia ficción, coleccionables y mucho más tuvieran un macro evento temático nada menos que en España.
Como milenial de los años 80, he crecido rodeado de estos contenidos, disfrutándolos durante años y siendo testigo de cómo pasaron de ser productos de nicho a convertirse en fenómenos de masas. Por lo que siempre había sido un sueño acudir a una cita como la San Diego Comic-Con. Este evento multitudinario se lleva celebrando cada verano en California desde 1970. He tenido la suerte de visitar la Costa Oeste de Estados Unidos, pero nunca cuadrar fechas para acudir a la San Diego Comic-Con International. Así que, tener este evento al lado de casa y durante 3 citas confirmadas (2025, 2026 y 2027), era una oportunidad única.
La compra de entradas
El anuncio oficial de la Comic-Con San Diego en Málaga se hizo el 10 de marzo de 2025 en el Gran Hotel Miramar, con la presencia de figuras del cine, la televisión y el cómic. En la presentación oficial participó David Glanzer, representante de Comic-Con International. Todo hacía indicar que teníamos por delante un evento realmente memorable. Aunque pronto no tardarían en llegar las primeras dudas del éxito del evento. La San Diego Comic-Con Málaga celebraría entre el 25 y 28 de septiembre de 2025 en FYCMA – Palacio de Ferias y Congresos de Málaga. Serían 6 meses por delante para organizar un evento con un sello de calidad incuestionable.
Llegó mayo y, en un día caótico, se pusieron a la venta las entradas a 55 euros por día. Colas virtuales interminables en Vivaticket, caídas y errores que fueron la tónica de una jornada dramática muy al estilo del capítulo de The Big Bang Theory en el que los protagonistas de la serie intentan conseguir entradas para la San Diego Comic-Con International de California. Al final en función de la suerte de cada uno, se consiguieron entradas casi por descarte en la mayoría de casos. En nuestro caso únicamente las pudimos adquirir para el domingo. Este drama no es nuevo, se repite una y otra vez en la mayoría de reserva de entradas para conciertos o espectáculos de todo tipo. Pero es innegable que deja ese primera mal sabor de boca, especialmente para quien no consiguió su entrada, pero también para los que no conseguimos reservar para un día concreto y nos quedamos con el descarte. De la misma forma, la reserva de elegir uno u otro día era un poco a ciegas, pues dos meses después aún no se sabía qué paneles u oferta correspondía a cada jornada de la Comic-Con San Diego de Málaga. Algo que no se conseguiría esclarecer hasta entrado el verano cuando, poco a poco, se fue conociendo quien estaría presente en este evento en España. Un tema, el de los paneles, que tocaremos más adelante en su apartado correspondiente. Otro punto nuevamente no exento de polémica.
Finalmente llegó septiembre, dando inicio a cuatro días de emoción y fantasía que los fanáticos de la cultura pop estábamos esperando. Sin embargo, a medida que transcurrían, cada jornada reflejaba una serie de problemas que marcaron toda la San Diego Comic-Con Málaga, evidenciando una improvisación constante y notables carencias de planificación, consecuencia de los pocos meses destinados a organizar un evento de este calibre.
A continuación, comparto mi experiencia en la Comic-Con Málaga, comenzando con algunas apreciaciones de los días previos a mi visita, las cuales se confirmaron y se reforzaron tras mi participación en la convención.
Cola-Con Málaga (SDCC Málaga)
Este título no hace referencia a una colaboración de bebida gaseosa azucarada con la Comic-Con, sino un apelativo que fue calando tanto presencialmente como en redes sociales durante cada día de convención. Para poner en contexto, tenemos que tomar como referencia comparativamente dónde se celebra en San Diego con la nueva sede en España. Aquí tenéis una comparativa de ambos palacios de convenciones:
| Comparativa | San Diego CC | FYCMA Málaga |
| Superficie total | 241.500 m² | 60.000 m² |
| Espacio exhibición | 57.200 m² | 19.500 m² |
| Capacidad asistentes | 125.000 | 20.000 |
A simple vista, y tomando como referencia los datos oficiales que podemos encontrar en FYCMA Málaga, podemos comprobar que las dimensiones tanto en superficie como en espacio de exhibiciones es sensiblemente inferior. A ello hay que acompañar que a la cita de California en este 2025 han acudido más de 135.000 asistentes, frente a los más de 120.000 en Málaga. Cuatro días que en California suponen más de 33.000 visitantes frente a los 30.000 en Málaga de media. Creo que, si lo comparamos con los espacios disponibles de ambos palacios de congresos, podemos entender rápido por qué las colas infinitas fueron la tónica general cada día en la Comic-Con de Málaga.
A ello hay que sumarle una falta de organización y coordinación alarmante. Cada día se llegaba al recinto y no había unas indicaciones claras para poder entrar. Y lo peor de todo es que no había que realizar una sola cola, sino que en los casos en que no hubiésemos podido recoger nuestra pulsera acreditativa, tendríamos que realizar hasta 3 filas para poder ingresar en el pabellón principal. Evidentemente, si habíamos podido aprovechar los puntos de recogida de acreditaciones, al menos de una nos librábamos, pero la otras, como Thanos, eran inevitables. Unas filas que pude comprobar como desde el primero al último día eran un completo caos sin orden. Entre la gente tocaba ir preguntando y tener fe de que te habías puesto en la cola correcta para entrar. Y si tenías suerte, alguien de la organización pasaba y te indicaba alguna cola alternativa para personas con niños, movilidad reducida o visitantes trajeados con el cosplay de turno. Un asunto que fue minando la paciencia de mucha gente. Incluso los que íbamos a realizar la visita el último día, ya veíamos la cita con cierta desidia, algo ilusionante pasaba a ser prácticamente una obligación en su asistencia simplemente por amortizar mínimamente el coste de la entrada. Se había perdido la emoción del anuncio oficial, y las sombras sobre el evento cada vez pesaban más.
Una vez allí te das cuenta cómo la gestión del acceso no se ha estudiado de la mejor manera. Cualquiera que haya acudido a un parque temático de gran afluencia, como por ejemplo Shanghai Disneyland, que recibe más de 200.000 visitantes cada día, te das cuenta que se pueden hacer las cosas mucho mejor. Filas organizadas por vallas, personal en los principales accesos para coordinar en la llegada son algunas de las opciones que no se barajaron. No tiene sentido simplemente contar con personal en las puertas de acceso, muchos de ellos sin información de proceder más allá de controlar mochilas y escanear el código de las pulseras. Sin duda el apelativo de Cola-Con Málaga está más que justificado. Salvo que madrugáramos para hacer cola varias horas antes de su apertura, la hora no nos la quitaría nadie para pasar esta criba, y en muchos casos superaría las 2 horas.
Pabellón principal de Comic-Con Málaga
Una vez dentro del recinto de la San Diego Comic-Con Málaga, podríamos pensar que nuestro día ha comenzado y que solo nos queda disfrutar. Pero nada más lejos de la realidad. El primer control de acceso nos conduce a una zona exterior poco atractiva, que abordaremos más adelante, y nos enfrenta de inmediato a una nueva “oportunidad”: otra cola multitudinaria para poder ingresar al pabellón principal, espacio central de esta convención.
Posiblemente, aquí radica el mayor problema de la San Diego Comic-Con Málaga: la mayor parte de las actividades se desarrollan dentro del FYCMA, dejando el exterior prácticamente reducido a una zona de restauración y algunos espacios secundarios, con mucha menos atracción que los pabellones interiores.
El Exhibitor Hall concentraba la mayor parte del interés de la convención, ofreciendo una amplia variedad de actividades: zonas de exposición, merchandising, artistas invitados y stands temáticos. Considerando que el Pabellón 1 y el Pabellón 2 suman 16.800 m² de superficia, es evidente que la masificación estaba garantizada. Tanto es así que, en los momentos de mayor afluencia, especialmente el sábado, se llegó a cerrar durante horas el acceso al pabellón principal, dejando a miles de visitantes esperando en la puerta. Un auténtico despropósito que en muchos medios de prensa fue catalogado como “afluencia masiva abarrota la Comic-Con de Málaga”. Básicamente, se podría comparar con vender 120.000 entradas para un partido en el estadio Santiago Bernabéu, cuyo aforo real es de 84.000 personas. La gente había comprado su entrada y solo quería acceder y disfrutar del evento, algo que resultaba imposible debido a que el espacio expositivo era demasiado pequeño frente a la enorme cantidad de visitantes. Punto en el que nuevamente se queda muy lejos del sello de calidad de San Diego, por espacio y organización. Una organización que, en ocasiones, se le encendía la bombilla y organizaba un acceso prioritario para familias con niños y personas con movilidad reducida. Un básico que se debería haber tenido en cuenta nada más entrar en los dos accesos disponibles y que, desde ahí, se podían haber derivado en función de las necesidades de cada uno de los visitantes. Pero, para ese entonces, todo era improvisación y la situación era incontrolable. Os recomiendo ver el documental: Comic-Con Episode IV: A Fan’s Hope para que comparéis experiencias con la cita anual de California.
Comic-Con Málaga en familia
Nuestra experiencia en la Comic-Con de Málaga fue la de una visita familiar, acompañados de nuestra hija de 7 años. Llegamos con la ilusión de que ella comenzara a adentrarse en el mundo del “frikismo” con la mayor emoción posible. Sin embargo, era imposible no preocuparse por todas las noticias y videos que circulaban en redes sociales sobre la masificación del evento. La multitud condicionaba bastante nuestra percepción de la convención y nos preguntábamos si nuestra hija podría disfrutarla como merecía.
Afortunadamente, la cola para acceder al Exhibitor Hall fue corta. Aunque muchas personas llevaban más de una hora esperando, nuestro avance comenzó a ser rápido. Después de unos 30 minutos, el personal se dio cuenta del riesgo que suponía mantener a familias con niños en medio de tanta gente y nos habilitaron un acceso lateral, permitiéndonos entrar en apenas media hora.
Una vez dentro, sin embargo, la situación era caótica: los pasillos entre expositores estaban saturados, y las colas para acceder a los distintos espacios se entremezclaban, sumadas al constante tránsito de visitantes entre los stands. La organización dentro del pabellón parecía prácticamente imposible.
Llegó el momento de organizarse, hacer colas y crear una especie de barrera protectora para que nuestra hija pudiera avanzar entre la multitud, a menudo mareada y agobiada, que se desplazaba por los distintos pasillos expositivos. Como adultos, la situación, aunque molesta, resultaba medianamente aceptable, pero con niños se volvía bastante agobiante. Era difícil imaginar pasar varias horas allí sin que nuestra hija perdiera interés debido a las colas y a la dificultad de moverse dentro de la convención.


No obstante, incluso en los momentos en que la frustración se hacía presente, me quedo con los buenos recuerdos vividos con nuestra hija: hacerse fotos con los superhéroes de turno o explorar los pintorescos stands que ofrecía la Comic-Con de Málaga. Al final, son las personas las que hacen que estos eventos se disfruten. En muchos casos, los propios cosplayers se ofrecían a posar con los pequeños visitantes, un gesto que sin duda queda grabado en la memoria.
La Comic-Con de Málaga contó con espacios diseñados especialmente para los más pequeños, donde la diversión y la creatividad eran los protagonistas. Destacaban zonas como el Bowser de LEGO, que permitía a los niños hacerse una foto con el archienemigo de Super Mario y la zona de Toy Story, donde podían explorar el mundo de Woody, Buzz y sus amigos como si los humanos fuésemos también juguetes en un mundo de «gigantes». Además, había áreas dedicadas a talleres de manualidades, pintacaras y experiencias interactivas, pensadas para que los niños disfrutaran de la convención. Estos espacios no solo ofrecían diversión, sino que también fomentaban la imaginación y acercaban a los más pequeños al universo de la cultura pop de manera lúdica y memorable. Así que, en este punto, aunque hubiese que hacer colas largas en muchos de ellos, la oferta era interesante para ellos.
Como es lógico para cualquier padre, ver la felicidad de nuestros hijos supera cualquier circunstancia negativa que rodeara la convención. La Comic-Con de Málaga fue un evento divertido para disfrutar en familia, pero en dosis pequeñas. Con una mejor organización y más espacio, la experiencia habría dejado un sabor de boca mucho más positivo. Tal como ocurrió, el cansancio de moverse entre tanta gente con una menor terminó imponiéndose: no es que uno quiera irse, sino que la Comic-Con te “expulsa” por la fatiga que genera.
Artistas en la Comic-Con
Uno de los puntos fuertes de la Comic-Con de Málaga, o de su originaria de San Diego, es la cantidad de artistas que congrega. Es muy agradable conocer a estos creativos y cómo exponen sus obras de diferente forma en la convención. Un auténtico punto de encuentro para creativos del cómic, la ilustración y la animación, que traían consigo no solo su obra, sino también historias, técnicas y secretos de su oficio. Entre talleres, charlas y sesiones de firmas, los asistentes podían sumergirse en el proceso creativo y descubrir cómo se da vida a los personajes y mundos que tanto admiramos. La presencia de artistas nacionales e internacionales aportaba un aire cosmopolita y enriquecedor que hacía de la convención un espacio de aprendizaje y fascinación.
Recorrer el Exhibitor Hall era como pasear por un mercado de creatividad: cada stand ofrecía un universo propio, desde ilustradores emergentes hasta autores consagrados. Prints, originales, merchandising temático y ediciones limitadas se mezclaban con la posibilidad de conversar con los creadores. Cada rincón ofrecía un descubrimiento, un pedazo de imaginación lista para ser admirada o llevada a casa, convirtiendo la convención no solo en un evento de entretenimiento, sino en un verdadero escaparate artístico que celebraba la pasión por la cultura pop.
El espacio también ofrecía la oportunidad de obtener firmas y disfrutar de encuentros cercanos con creadores y figuras del entretenimiento. Entre los invitados más destacados se encontraba John Romero, leyenda de los videojuegos y creador de franquicias como Doom. Además de Romero, la convención reunió a destacados talentos del cómic y la ilustración: la guionista Kelly Sue DeConnick, conocida por Captain Marvel, y el ilustrador Werther Dell’Edera, colaborador en The Sandman Universe, ofrecieron paneles y sesiones de firmas que permitieron a los asistentes interactuar con ellos, conocer su proceso creativo y llevarse recuerdos únicos.
Aunque en muchos casos las colas eran largas, incluso solo verlos brevemente en sus stands resultaba gratificante y añadía un valor especial al evento, mostrando la proyección y el prestigio que la Comic-Con de Málaga podía alcanzar.
Tiendas y Comic-Con de Málaga sin Comics
Una de las primeras cosas que nos sorprendía en la Comic-Con de Málaga era la escasa presencia de tiendas de cómics propiamente dichas. A pesar de ser un evento centrado en la cultura pop y el cómic, la oferta de tiendas dedicadas a ejemplares impresos era limitada, y la mayoría del espacio estaba ocupado por merchandising, figuras y productos generales de entretenimiento.
La tienda oficial de la convención se convirtió rápidamente en un punto de referencia obligado para los asistentes. Allí se podían encontrar pósters, camisetas, figuras y souvenirs del evento, incluyendo un póster conmemorativo con referencias a Málaga que se había convertido en un objeto de deseo. Para el domingo, muchos productos ya estaban agotados, incluido este póster que queríamos conseguir y no fue posible, dejando un sabor agridulce a quienes habían esperado toda la convención para llevárselo. Sin duda, ese cartel original realizado por @davidrubin era una pieza que me hubiese encantado enmarcar y exhibir en el despacho. Pero bueno, es evidente que la falta de planificación llegó incluso al merchandising, si el evento duraba 4 días, no era normal llegar al último día y solo encontrarse con las migajas.
Otro stand que llamó la atención fue el de Correos, que ofrecía sellos oficiales de la Comic-Con, un detalle curioso y original que encantó a coleccionistas y aficionados de la filatelia, aportando un toque de singularidad al área de tiendas. Sin duda se agradece su apuesta por el evento y tenía productos temáticos curiosos que, para coleccionistas, o simplemente como recuerdo del evento, merecían la pena adquirir.
En cuanto a videojuegos, destacaba la presencia de Gameplay, tienda con sede en el centro de Málaga que conozco bien, y que llegó cargada de consolas, ediciones especiales y merchandising relacionado con los videojuegos más populares. Su oferta fue especialmente apreciada por los gamers que buscaban artículos difíciles de encontrar en tiendas convencionales. También estuvo presente Comic Store, con varias sedes en Málaga y provincia, que ofrecía cómics, figuras y coleccionables, mostrando una selección amplia y de calidad, consolidándose como uno de los stands más completos del área comercial. Al final son negocios locales que merecían su presencia en la convención y que sumaban mucho a toda la oferta expositiva.
Por otro lado, había tiendas especializadas en cartas, particularmente Pokémon y Magic, donde los precios estaban claramente inflados, una situación que no pasó desapercibida para los coleccionistas. Las tiendas de camisetas y figuras de calidad ofrecían productos interesantes, mientras que algunas tiendas de merchandising no oficial desentonaban, con artículos de baja calidad que restaban atractivo al evento y daban sensación de improvisación.
Finalmente, no podía faltar la locura por los Funko Pop oficiales, cuyo stand se convirtió en un caos total. La gestión de los exclusivos fue deficiente: muchos productos se agotaron rápido y aparecieron inmediatamente en Wallapop, mostrando que la organización no supo controlar la demanda y que la alta expectativa generó frustración entre los fans. Qué os voy a contar, gente haciendo fila desde la madrugada para salir corriendo y comprar los Funko limitados a 150 Funkos exclusivos diarios que volaban. Y que incluso hacer la cola de buena mañana no te garantizaba adquirir uno, pues personalidades con acreditaciones especiales aprovechaban su posición para obtenerlos. Un asunto que se podría haber resuelto realizando sorteos diarios entre los asistentes interesados. Así evitaríamos suspicacias y esas imágenes un tanto lamentables impropias de un evento de este calibre.


En conjunto, la experiencia comercial de la Comic-Con Málaga fue una mezcla de aciertos y fallos: algunos stands destacaban por la calidad y variedad de sus productos, mientras que otros dejaban la sensación de que la planificación del evento en este ámbito aún tenía mucho por mejorar. La falta de tiendas de cómics tradicionales y la presión de los productos agotados dejaron claro que la oferta podía haber sido más equilibrada y mejor gestionada.
Zona gaming y juegos de mesa
La zona gaming de la Comic-Con Málaga fue uno de los espacios que más atracción generó, sobre todo entre los visitantes más jóvenes. La presencia de Nintendo y PlayStation entre otras permitió a los asistentes probar juegos de lanzamiento reciente y títulos esperados, mientras que algunos puestos ofrecían la oportunidad de participar en partidas en línea y seguir demostraciones de equipos de esports, lo que aportaba un componente competitivo y entretenido para el público.
Sin embargo, a pesar de su interés, la zona gaming ocupaba un espacio significativo dentro del recinto principal, generando cierta sensación de saturación en el pabellón. Aunque ofrecía diversión y novedades, restaba atención a otros aspectos más representativos de la convención, como los cómics, exposiciones de ilustradores y firmas de autores, que son el núcleo de un evento de estas características.
Es entendible que se incluyeran videojuegos y experiencias interactivas, y que los más pequeños se entusiasmaran con probar nuevos títulos. Pero, en perspectiva, este espacio habría sido más efectivo si se hubiera ubicado en áreas exteriores, liberando así espacio dentro del pabellón para mejorar la circulación y potenciar otras áreas más representativas de la Comic-Con. No estamos hablando de un Tokyo Game Show o un E3, donde los videojuegos son el eje central: la Comic-Con sigue siendo ante todo un evento de cómic y cultura pop. Una excesivamente acaparadora zona que suma, pero que no se puede convertir en buque insignia de este tipo de eventos, para eso existen otras convenciones. Y lo dice alguien que adora los videojuegos, pero su presencia me pareció excesiva.
La zona de juegos de mesa de la Comic-Con Málaga se convirtió en un oasis dentro del bullicio del pabellón. Con una oferta variada de títulos para probar, desde juegos de estrategia hasta colaborativos y de rol, este espacio permitía a los visitantes relajarse, sentarse y disfrutar con amigos o en familia sin la presión de las largas colas y el constante tránsito de gente. Su ambiente más tranquilo ofrecía un respiro necesario del ajetreo de las calles expositivas, convirtiéndose en un punto de encuentro para los aficionados a los juegos de mesa y en una alternativa atractiva para quienes buscaban disfrutar de la convención de manera pausada y divertida. El tamaño estaba muy bien, y la verdad que se agradecía para descansar un poco dentro del pabellón principal.
Cosplay en la Comic-Con Málaga
Otro punto positivo de esta convención fue con el entusiasmo que los asistentes acudieron encarnando a sus personajes favoritos. Entre los momentos más destacados estuvo la presencia de la 501st Legion, la famosa legión de fans de Star Wars que rinde homenaje a los villanos del universo galáctico. Esta organización tiene un vínculo especial con Málaga, ya que cuenta con varios miembros locales que han participado en eventos benéficos y actividades culturales en la ciudad, lo que convirtió su aparición en la convención en un motivo de orgullo y admiración para los seguidores locales.
Los concursos fueron otro de los puntos álgidos de la Comic-Con. Los asistentes pudieron mostrar su creatividad, destreza y pasión por sus aficiones. La participación activa y el ambiente competitivo pero amistoso añadieron dinamismo al evento, incentivando la interacción entre fans y fomentando una sensación de comunidad que trascendía más allá de las actividades programadas.



Sin duda, uno de los mayores atractivos de la convención fue la alegría compartida entre personas con la misma pasión. Tanto dentro del pabellón como en las calles exteriores del FYCMA, se respiraba un ambiente contagioso de diversión y entusiasmo. La Comic-Con no solo ofrecía entretenimiento y actividades, sino también la oportunidad de conectar con otros fans, intercambiar experiencias y vivir la magia de convertirse, aunque solo fuera por unos días, en un héroe, villano o personaje icónico del mundo del cómic y la cultura pop. Sin duda, este fue uno de los aspectos más positivos que muchos asistentes nos llevamos del evento. Superados los múltiples inconvenientes, la clave estaba en aprovechar la experiencia, divertirse y disfrutar del evento, sin perder de vista los puntos críticos que también marcaron la convención.
Exposición Figuras Premium
Una vez hemos visto todo el pabellón interior, había una zona expositiva independiente previa a salir al exterior. Esta zona los primeros días de convención permitía libre acceso una vez estabas en el pabellón central. Pero al llegar el fin de semana, cambiaron de parecer, y una vez entrabas, ya sólo podías salir. Eso implicaba que, si querías entrar nuevamente al Exhibitor Hall, tocaba realizar la segunda fila obligatoria de manera impepinable. Otro golpe de remo digno de Jasper Beardley en Los Simpson. En nuestro caso fue así, nos avisaron que, si entrábamos, ya salíamos del pabellón principal.
A nivel de exposición, el espacio interior de la Comic-Con Málaga 2025 ofrecía un espacio reservado a la colección de figuras de Prime 1 Studios en el espacio de Kryptonia Collectibles. Una experiencia inmersiva para los amantes del coleccionismo. En un ambiente cuidado al detalle, los visitantes pudimos admirar esculturas de edición limitada con un realismo sorprendente, representando personajes icónicos del cine, los cómics y los videojuegos. La disposición de las piezas, acompañada de una iluminación diseñada para resaltar cada textura y acabado, convertía el recorrido en un espectáculo visual que invitaba tanto a la contemplación como a la fotografía.
Prime 1 Studios es sinónimo de calidad y eso se refleja en y productos exclusivos: desde el imponente Night King de Game of Thrones (unos 1.709 €) hasta el poderoso Black Adam Champion Edition (1.459 €), pasando por piezas icónicas como Gandalf the Grey de El Señor de los Anillos (1.129 €) o el asombroso diorama Godzilla vs Kong – Final Battle, valorado en casi 5.000 €. También podemos destacar enfrentamientos legendarios como el Batman vs Superman DX Bonus Version (2.569 €), junto a criaturas como el Rogue Alien (1.769 €), el Ahab Predator (1.580 €) y colosos del cine como Megatron de Transformers (2.209 €). Los precios son orientativos y para que sirvan como reflejo del tipo de figuras que encontramos. Cada pieza impresionaba tanto por su nivel de detalle como por el rango de precios. Es imposible no quedarse maravillado ante el nivel de detalle de estas piezas de colección. Sin duda, se trató de un cierre magnífico para el recorrido por el pabellón principal. Tuvimos además la oportunidad de disfrutar de la exposición más grande de Prime 1 Studio jamás realizada fuera de Asia.
Si bien en viajes anteriores habíamos visitado países como Japón, China o Corea del Sur, donde este tipo de colecciones son habituales en tiendas capaces de dejarte sin aliento, la experiencia no perdió un ápice de interés. Y la mejor prueba de ello fue la gran cantidad de visitantes que dedicaban todo el tiempo del mundo a contemplar una muestra tan espectacular.
Y aunque disfrutamos al máximo de todo lo que pudimos ver en el pabellón principal de la Comic-Con Málaga 2025, no vamos a negar que salimos con ganas de gritar, muy al estilo de la imponente figura de Hulk que presidía esta extensa colección. La multitud, el desorden y la clara sensación de que la convención no lograba desplegar todo su potencial por culpa de una organización deficiente eran aspectos que se respiraban en el ambiente.
Village, un yermo de Fallout
Al salir al exterior nos encontramos con el Village Comic-Con Málaga 2025, un espacio al aire libre que servía como complemento al pabellón principal. Allí se desplegaban distintas propuestas para todos los públicos: desde puestos de merchandising y gastronomía temática hasta actividades pensadas para los más pequeños. Una especie de feria paralela que aportaba variedad a la experiencia.
Uno de los momentos más divertidos lo protagonizó el panel del “superhijo predilecto”, donde los asistentes tenían la oportunidad de votar cuál de los grandes iconos del cómic debía llevarse el título honorífico. Entre risas, debates improvisados y mucho entusiasmo, los asistentes votaron por sus héroes favoritos. La contienda final se redujo a un cara a cara entre Superman y Spider-Man, y aunque el Hombre de Acero contó con un apoyo firme, fue finalmente el Hombre Araña quien se alzó con la victoria, desatando la ovación de una multitud que celebró el triunfo como si de un auténtico combate de superhéroes se tratara.
Aun con todo, el Village Comic-Con dejó cierta sensación de vacío y desaprovechamiento. El espacio, aunque amplio y bien ubicado, daba la impresión de no estar explotado al máximo, con zonas que parecían quedar desangeladas en comparación con la energía que se vivía dentro del pabellón principal.
Eso sí, también tuvo sus aciertos: allí se realizaban algunas firmas de artistas e invitados, y se habilitó una gran pantalla donde podían seguirse las conferencias y paneles en directo. Todo ello acompañado de un área con sillas y unas carpas que ofrecían sombra, perfecta para tomar un respiro y reponer fuerzas antes de volver al bullicio.
Paneles y firmas en Los Juegos del Hambre
Este fue uno de los grandes males que propiciaron quejas, descontrol y malestar por la mayoría de los visitantes, entre los que me incluyo. El Hall M, con capacidad para 3.500 personas, se presentó como el corazón de la convención, emulando al icónico Hall H de San Diego. Sin embargo, la experiencia de estar allí resultó un tanto dispar: mientras el auditorio podía acoger ese número limitado de visitantes, la convención recibía alrededor de 30.000 visitantes al día, lo que dejaba a la mayoría con la frustración de no poder acceder a los paneles más esperados. La situación se complicó aún más el día que se habilitó la reserva online: la página colapsó durante la hora laboral, haciendo imposible que muchos incluso se enteraran de la apertura de reservas. La existencia de un supuesto Excel externo con enlaces de reserva permitió que algunas personas aseguraran lugares para todos los paneles, mientras que otras no pudieron reservar ninguno. Con estos antecedentes, hubiera sido más justo implementar un sistema por sorteo o limitar la reserva a un número reducido de paneles por asistente, de manera que un mayor número de fans pudiera disfrutar de uno de los grandes atractivos de la convención más con aforos tan limitados. Pero bueno, si finalmente incluso gente con reserva se quedó sin entrar a algunos paneles, os podéis imaginar el caos organizativo imperante.
Es cierto que cada día era posible hacer cola durante un tiempo indeterminado de horas para poder entrar sin reserva. Pero al no estar asegurado, muchos pasaron horas para luego quedarse en la puerta. A ello le sumamos que el pabellón principal era el núcleo central de toda la actividad y el caos organizativo enfrentaba a gente que simplemente quería entrar al Exhibitor Hall, con otros que buscaban una oportunidad para ver un panel, una proyección o un taller. Algo que sin duda desalentó a los que visitábamos con niños la convención, o simplemente no queríamos pasarnos el día haciendo colas.
Indudablemente, los paneles estuvieron a la altura de las expectativas, y quienes tuvieron la oportunidad de asistir, los disfrutaron con creces. No todos los días se puede estar frente a figuras tan destacadas como Arnold Schwarzenegger, o a talentos como Aaron Paul (Breaking Bad), Natalia Dyer (Stranger Things), Dafne Keen (Logan) y Luke Evans (La Bella y la Bestia), quienes compartieron momentos con los fans y firmaron autógrafos. En el terreno del cómic, Jim Lee, presidente de DC Comics, ofreció una sesión especial mostrando su proceso creativo. Además, el panel de The Walking Dead reunió a Norman Reedus o Melissa McBride entre otros, quienes compartieron anécdotas y experiencias de la serie con los asistentes. Solo por destacar algunas de las grandes citas de esta San Diego Comic-Con Málaga 2025. Podéis ver todos los invitados en el siguiente enlace.
La convención también contó con tres auditorios adicionales con capacidades de 900, 600 y 200 personas, respectivamente. Estos espacios fueron diseñados para ofrecer a los asistentes la oportunidad de participar en charlas, paneles y sesiones de firmas, permitiéndoles acercarse a sus ídolos y disfrutar de una experiencia más íntima.
Salvando la evidente falta de organización, se nota que desde San Diego Comic-Con Málaga 2025 se han esforzado y, en tiempo récord, han conseguido reunir atractivos a la altura de lo que estos eventos suelen ofrecer. Aun así, FYCMA Málaga sigue palideciendo en comparación con el Centro de Convenciones de San Diego, que dispone de al menos 17 salas para paneles y proyecciones, siendo las más grandes capaces de acoger a 6.500 y 4.800 personas. Teniendo tan cerca el Auditorio Municipal de Málaga, con capacidad para 12.000 asistentes, habría sido recomendable utilizarlo para algunos de los paneles más multitudinarios. Incluso habría tenido sentido solapar ciertos paneles estratégicamente, de modo que el público se distribuyese mejor y nadie se quedara con la sensación de haberse ido de vacío. Sin duda, los paneles son uno de los grandes atractivos de la convención y justifican por sí solos el precio de la entrada.
En mi caso, lamentablemente me quedé sin ver a Nobuo Uematsu, el genio japonés compositor de las bandas sonoras de una de mis sagas favoritas, Final Fantasy. Me hubiera encantado conseguir una firma o una foto con él, y estoy seguro de que muchas otras personas vivieron lo mismo, no solo con Uematsu, sino con otras personalidades que pasaron por la Comic-Con Málaga 2025. Más allá de los precios elevados de las firmas y fotografías, el principal obstáculo fue la logística: las reservas se agotaban en cuestión de minutos y, además, al reservar nuestro día de visita lo hicimos un poco a ciegas, sin saber con certeza qué invitados estarían presentes ni qué nos encontraríamos en cada jornada. Es quizás uno de los puntos que más pesan para replantearse volver a esta convención en años próximos. La complicación de acudir a paneles o conseguir una firma. Pues, sin el extra de ver a personajes de la talla de Arnold Schwarzenegger o Norman Reedus, queda una experiencia cara para lo que ofrece, que no supone mucho más que otras convenciones de cultura pop que se realizan en España como sea la Japan Weekend, la Salón del Cómic de Barcelona o la FreakCon.
Comida nivel The Walking Dead
En un guiño magistral a la legendaria serie que nos aterrorizó con sus «caminantes», no zombis, el Village de la San Diego Comic-Con 2025 se transformó en un bazar de supervivencia postapocalíptica, repleto de puestos donde la comida no era un lujo, sino un arma de doble filo. Todos conocemos el drama de los parques temáticos: menús inflados en precio e insípidos en sabor, que te dejan con el bolsillo vacío y el estómago revuelto. Pero aquí, los organizadores elevaron la apuesta a niveles interdimensionales. Invocando al mismísimo Doctor Strange y su Multiverso, reclutaron a las contrapartes siniestras de Gordon Ramsay, René Redzepi y Ferran Adrià —esos titanes de la cocina convertidos en villanos gruñones con delantales manchados de sangre falsa—. El resultado: una oferta gastronómica que no solo anticipa el otoño, sino que nos catapulta directo a una Noche de Brujas eterna. Olvídate de las fotos virales en redes; esto hay que experimentarlo en vivo, con el vello erizado y el pulso acelerado, sumergido en un terror culinario que te hace cuestionar si estás comiendo o huyendo de un enjambre de muertos vivientes.
Y vaya si los puestos entregaban el mal rollo con creces: imagina colas serpenteantes ante un carrito oxidado que proclamaba «Raciones de Rick Grimes», donde la versión malvada de Ramsay escupía bolas de carne mutante —mezclas de hígado de ciervo forrajeado y salsa de bayas tóxicas, crujientes por fuera pero con un relleno que te hace jurar lealtad eterna a los vegetales—. Al lado, el Redzepi oscuro reinaba en «Forrajeo Feral», sirviendo platos de algas nórdicas fermentadas con insectos crujientes y hongos alucinógenos, todo envuelto en hojas de maíz chamuscadas que prometían «nutrición para el fin del mundo» (y un viaje psicodélico gratis). No podía faltar el toque español de Adrià el Desalmado en «Esferas del Apocalipsis», donde esferificaba jugos de frutas mutadas en perlas explosivas que estallaban en tu boca con sabores a lima podrida y especias picantes como balas de walker, acompañadas de espumas etéreas de queso rancio que se evaporaban dejando un regusto a desesperación eterna. Cada bocado era una ruleta rusa de delicias retorcidas: ¿sobrevivirías al festín o te unirías al coro de gemidos estomacales? En el Village, comer no era un placer; era una quest épica, digna de un spin-off de The Walking Dead titulado «Supervivencia con Estrellas Michelin».
Bueno, admitámoslo: quizás mi disección detallada de esos manjares postapocalípticos fue un subproducto directo de la ingesta —o mejor dicho, de esa ruleta rusa molecular que me tragué sin parpadear—, y mi memoria, traicionera como un twist de M. Night Shyamalan, podría estar salpicada de alucinaciones inducidas por hongos nórdicos o esferas explosivas. Pero, ¡ay, amigos!, lo que no se alucina ni se inventa es el precio y la pinta de los perritos calientes y hamburguesas en esos puestos: obras maestras retorcidas que bien podrían colgar en el MoMA, con salchichas envueltas en espirales de pan seco como esculturas de Basquiat, y patties de carne mutante apilados en torres abstractas dignas de un Pollock carnívoro. Por unos cuantos euros que te vaciaban el monedero como un portal dimensional, te llevabas no solo sustento, sino una experiencia artística efímera, hasta que el primer mordisco la convertía en caos digestivo. En el Village, comer era arte comestible, y el hambre, el lienzo perfecto.
Por eso, no era raro ver a hordas de asistentes huyendo del recinto como si de un enjambre de caminantes se tratara, solo por pillar algo de comer que fuera asequible, nutritivo… o, al menos, digerible sin remordimientos. Y en ese frente, Málaga con su cocina tradicional o los típicos food trucks, podría haber montado un circo gastronómico de otro nivel: imagina caravanas rodantes sirviendo tacos andaluces fusionados con superhéroes o helados de kryptonite. ¡Una oportunidad perdida de órdago! El lío de las normas no ayudaba: los dos primeros días, ni una mísera botella de agua cabía en la mochila, justo cuando las colas para comprar una en el interior se convertían en una prueba de resistencia digna de un maratón zombi, horas sudando bajo el sol, solo por hidratarte. En cambio, el último día, el control en la puerta era tan flojo como un villano de relleno: ni registraban la comida, dejando entrar bolsas enteras sin pestañear. ¡Qué pena, porque, aunque arrastramos unos snacks de supervivencia, al final nos arrepentimos de no haber intentado colar un banquete completo! La verdad es que un montón de nosotros optamos por tragar lo que había dentro,por muy insípido que fuera, solo para no tener que lidiar de nuevo con esa cola de entrada demoníaca al salir y volver. De puro terror. Nosotros picamos lo justo para no desmayarnos, y al final, ya en la calle, nos dimos un festín como Dios manda: porque lo que catamos en el recinto… bueno, digamos que ni siquiera merecía el nombre de «comida».
Y así, entre un Goku hinchable, un globo y varias camas elásticas, dimos por finalizada nuestra visita a la Comic-Con Málaga 2025. Quedó claro que tanto el Village exterior como el recinto ferial que rodea al palacio de congresos podrían haberse aprovechado mucho mejor, destinando el espacio a firmas, expositores y zonas de actividad en amplias avenidas, todo en un recinto fácilmente delimitado y controlado.
La Comic-Con Málaga 2025 termina dejando sensaciones mixtas: luces y sombras, con mucho que mejorar de cara al próximo año. Hace falta una organización más eficiente, un mayor espacio y una gestión más clara de las actividades, para que todos los asistentes puedan disfrutar de algunos de los platos fuertes sin ir a ciegas a la hora de reservar la entrada. Personalmente, me quedo con la gente que asistió, el buen ambiente y los buenos momentos en familia que vivimos. Sin embargo, si el próximo año no se ofrecen ciertas garantías de que la gestión de esta marca tan prestigiosa será más profesional, y considerando la comentada subida de precios, a día de hoy no repetiría la experiencia.
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