Cuando viajas a Japón nuevamente, seguramente os pique el gusanillo de repetir localizaciones. Indudablemente también os apetecerá mucho visitar lugares nuevos, pero me parece un plan perfecto el revisitar lugares de anteriores viajes. Y así comenzamos esa mañana, poniéndonos camino de uno de los espacios verdes más grandes y animados de Tokio del Parque Yoyogi.
Cómo llegar al parque Yoyogi:
- Metro: Línea JR Yamanote parada estación Harajuku. Línea Chiyoda (verde) paradas de Yoyogi-Koen o en Meiji-Jingumae. Línea Fukutoshin también puedes usar la estación Meiji-Jingumae. Línea Odakyu parada en Yoyogi-Hachima.
- Autobús: Desde la estación Shibuya, puedes tomar autobuses locales que te dejarán cerca del parque Yoyogi, ya sea en la zona del Gimnasio Nacional Yoyogi o en Yoyogi Kamizono-cho, próximo al acceso norte.
- A pie: Desde Shibuya o Shinjuku, puedes caminar unos 2 km por calles urbanas y llanas. Todo depende de donde se encuentre nuestro hotel.
En este caso, después del día anterior haber estado por Asakusa, Tokyo Skytree y Odaiba, tiramos por la opción cómoda de ir en metro usando la Línea JR Chuo y bajando en la estación Yoyogi. El motivo principal es que nos apetecía atravesar el parque Yoyogi de oeste a este.
El parque Yoyogi
El Parque Yoyogi impresiona por su amplitud: con más de 50 hectáreas, ofrece una sensación de espacio poco común en el corazón de Tokio. Desde su interior, podemos disfrutar de unas magnificas vistas que se abren hacia extensas praderas, caminos bordeados por árboles altos y zonas boscosas que permiten desconectar del entorno urbano. Aunque no cuenta con grandes lagos, sí tiene estanques y fuentes que aportan frescura y belleza al paisaje. El parque está diseñado para el disfrute activo y relajado: hay zonas para correr, andar en bicicleta, practicar yoga, tocar música o simplemente descansar bajo la sombra. También dispone de áreas para perros, instalaciones deportivas y espacios donde se celebran eventos culturales y festivales durante todo el año.
Cuadramos la visita para realizarla en domingo. Este día de la semana el Parque Yoyogi se transforma en un escenario vibrante y diverso, donde la ciudad parece respirar con más calma. Las amplias praderas se llenan de grupos de amigos haciendo picnic, músicos improvisando melodías bajo los árboles, bailarines practicando coreografías y familias paseando entre bicicletas y burbujas. El ambiente es relajado pero lleno de energía, con una mezcla de culturas, estilos y generaciones que conviven en armonía. Es un lugar donde Tokio muestra su lado más espontáneo y comunitario, lejos del ritmo acelerado de sus avenidas. Siempre valoro que las grandes ciudades por el mundo no sean solo un enjambre de hierros y cemento, y el parque Yoyogi pone ese punto natural que tanto se agradece.

Una vez disfrutamos del ambiente del parque, nos dirigimos hacia el Torii de Meiji Jingu, que marca la entrada al camino hacia el santuario. Desde la zona central del parque, caminamos hacia el norte siguiendo los senderos arbolados hasta encontrar el gran torii de madera, imponente y sereno. Este punto es el inicio de un paseo más introspectivo, rodeado de bosque denso y caminos de grava, que te conducirá lentamente hacia el corazón espiritual de Tokio.
Santuario Meiji Jingu
El Santuario Meiji Jingu nos recibió con una atmósfera solemne y majestuosa, rodeado por un denso bosque que nos aisla del bullicio de la ciudad. Durante nuestra visita, tuvimos la suerte de presenciar una boda tradicional sintoísta: la pareja, vestida con trajes ceremoniales, avanzaba lentamente bajo un gran paraguas rojo, acompañada por sacerdotes y músicos. Fue un momento muy especial, que atrajo la atención de muchos visitantes que, como nosotros, observaban con respeto y admiración. El santuario estaba lleno de vida, con personas paseando, haciendo ofrendas o simplemente disfrutando del entorno espiritual y natural. Es un sitio que nos encanta, y que en cada visita a Tokio normalmente nos dejamos caer un rato.



Tras disfrutar del ambiente del santuario, pusimos rumbo hacia la calle Takeshita, uno de los epicentros de la moda juvenil en Harajuku. Para llegar allí, atravesamos los caminos del Parque Yoyogi, donde nos encontramos con los famosos barriles de sake decorativos, alineados en homenaje a las ofrendas tradicionales. Estos barriles, junto con los altos árboles y senderos de grava, crean un entorno muy característico que mezcla lo espiritual con lo natural. El paseo fue tranquilo y con cantidad de estímulos, como los carteles de madera, los puentes pequeños y los muros de piedra que acompañan el recorrido hasta salir del parque y adentrarnos en el bullicioso mundo de Takeshita-dori.
Takeshita-dori
Los domingos, Takeshita-dori se convierte en un hervidero de energía juvenil y creatividad. Esta estrecha calle peatonal, ubicada en el corazón de Harajuku, se llena de visitantes locales y turistas que exploran sus tiendas de moda alternativa, cafeterías temáticas y puestos de comida callejera. El ambiente es colorido y bullicioso, con jóvenes luciendo estilos únicos, un lugar magnífico para enseñar nuestros estilos más vistosos. Cada rincón ofrece algo visualmente llamativo, ya sea un escaparate extravagante, un grafiti artístico o una cola frente a alguna tienda de crepes. Es un lugar donde la cultura pop japonesa se vive con intensidad, especialmente los fines de semana. Es cierto que en los últimos años su fama ha hecho que su estrecha vía se masifique en exceso, pero eso no le quita su llamativo ambiente y que merezca la pena dejarse caer por allí.
Tras cruzar la zona de Harajuku, tomamos rumbo hacia Omotesando Hills caminando por la elegante avenida Omotesando. El trayecto es muy agradable, con aceras amplias bordeadas por árboles y escaparates de marcas de diseño. En pocos minutos, el bullicio juvenil de Takeshita-dori dio paso a un ambiente más sofisticado, donde la arquitectura moderna y los cafés de estilo europeo marcan el ritmo. Al llegar a Omotesando Hills, nos encontramos con un complejo comercial de diseño vanguardista, que contrasta con la estética tradicional que habíamos dejado atrás en el santuario y el parque.
Tiendas en Omotesando Hills
En Omotesando los grandes complejos comerciales son los que marcan el ritmo de la experiencia de compras. Espacios como Tokyu Plaza Omotesando Harajuku y Omotesando Hills reúnen moda de alta gama, boutiques de diseño y cafeterías con propuestas originales, creando un ambiente en el que lo moderno se mezcla con lo creativo. A su alrededor, las tiendas temáticas añaden un toque único: desde las dedicadas a Disney, con productos de Mickey, Minnie, Star Wars y Marvel, hasta la tienda de Sailor Moon, donde los fanáticos encuentran desde varitas mágicas hasta joyería inspirada en la serie. También destacan los locales de personajes entrañables como Hello Kitty, Rilakkuma o Pokémon, que refuerzan la atmósfera kawaii característica de la zona y convierten cada paseo en una experiencia tan visual como divertida.



En Omotesando existe un lugar que parece sacado de un sueño para cualquier amante de los personajes más famosos: Kiddy Land. Este gigantesco edificio de cinco pisos es como un cofre del tesoro donde cada planta guarda un mundo distinto. Nada más bajar al sótano, te recibe Snoopy con toda su pandilla, y al subir te esperan Hello Kitty, Kirby, Mario, Doraemon, los personajes de Studio Ghibli, los Minions y muchos más. Aquí todo brilla, todo invita a tocarse y a comprarse: montañas de peluches suaves, libretas de colores, galletas con caritas adorables, camisetas llenas de dibujos y hasta objetos que ni sabías que necesitabas… hasta verlos. Lo más emocionante es que muchos artículos son exclusivos, lo que hace que cada visita sea como abrir un regalo sorpresa. Entrar en Kiddy Land es como perderse en un festival de juguetes y recuerdos, y salir con las manos vacías es casi misión imposible. Es una de nuestras tiendas favoritas de Tokio, y yendo con una niña pequeña, sabíamos que la iba a disfrutar mucho.
Después de la explosión de colores y fantasía en Kiddy Land, seguimos nuestro camino a pie rumbo a Roppongi. El bullicio de Omotesando fue quedando atrás hasta que, de pronto, el ambiente cambió por completo, nos encontramos frente al Cementerio de Aoyama. El contraste fue inevitable, pero lejos de resultar lúgubre, el lugar nos envolvió en una calma serena. Entre senderos arbolados y lápidas elegantes, descubrimos un espacio de gran belleza, cargado de historia y respeto, que invita a caminar en silencio y contemplar otra faceta, más tranquila y solemne, del corazón de Tokio.
El Cementerio de Aoyama es uno de los más antiguos y conocidos de Tokio. Inaugurado a finales del siglo XIX, fue el primer camposanto público de la ciudad y aún hoy se mantiene como un lugar histórico y simbólico. Allí descansan figuras relevantes de la historia japonesa, como el político Hachirō Aoyama, que da nombre al lugar, o Hachirō Arita, antiguo ministro de Asuntos Exteriores. También alberga tumbas de otros personajes célebres de la política, la cultura y el arte japonés y, durante la primavera, se convierte en un punto muy visitado gracias a sus largas avenidas de cerezos en flor. En nuestro caso, al visitarlo en diciembre, aún conservaba ciertos retazos del otoño japonés.
Como siempre digo, caminar invita a encontrarse con elementos que quizás no estaban en nuestros planes, y así fue. Sobresaliendo en el horizonte tokiota estaba el edificio de Konami, una visita inesperada pero muy especial. Como fan de sus sagas clásicas, fue emocionante ver la sede de una compañía que marcó época con títulos como Silent Hill y Metal Gear. Me alegró saber que en los últimos años Konami ha comenzado a resucitar estas franquicias, aunque sea a través de remakes, lo que demuestra que aún hay interés por sus universos narrativos y mecánicas únicas. La visita fue breve pero significativa, como reencontrarse con una parte importante de la historia del videojuego.
En aproximadamente unos 30 minutos, atravesando zonas residenciales y comerciales con arquitectura moderna y ambiente relajado llegamos a Roppongi Hills. Fue un paseo agradable que conectó dos caras distintas de Tokio: la moda y el diseño con el arte y la vida nocturna.
Roppongi
Nuestra caminata tenía como destino Roppongi, uno de los complejos más modernos y vibrantes de Tokio. Queríamos llegar hasta allí para disfrutar de su icónica torre Mori, explorar sus tiendas y restaurantes de estilo internacional y, sobre todo, contemplar la ciudad desde su famoso mirador, que ofrece una de las panorámicas más impresionantes de la capital japonesa.
En esta visita íbamos buscando una instantánea decenas de veces reproducida. La imponente Maman, la enorme escultura de araña creada por Louise Bourgeois, que se ha convertido en un símbolo del lugar y punto de encuentro para visitantes. Justo detrás se alza la majestuosa Torre Mori, con sus 238 metros de altura, donde se combinan oficinas, tiendas, museos y el famoso observatorio. La mezcla de arte contemporáneo al aire libre con la arquitectura moderna de la torre hace que este rincón de Tokio respire cultura y sofisticación en cada detalle.
Los jardines de Roppongi Hills estaban deslumbrantes con la decoración navideña: miles de luces blancas y azules iluminaban los senderos, creando un ambiente mágico en contraste con la modernidad de los rascacielos. Los árboles parecían vestirse de gala, y al caer la tarde, todo el espacio se transformaba en un paisaje invernal de cuento, perfecto para pasear o detenerse a disfrutar del espectáculo de luces.
Muy cerca, la visita a la TV Asahi añadía otro nivel de diversión a nuestra ruta. En su sede principal, los visitantes pueden explorar exposiciones interactivas y rincones dedicados a los personajes más icónicos de la televisión japonesa, como Doraemon, Shinchan y otros favoritos del anime. El espacio está diseñado para que los fans se sumerjan en las series, con escenas recreadas y decorados que invitan a posar y sacarse fotos, haciendo de la visita una experiencia entretenida y muy fotogénica, tanto para niños como para adultos.. Fue posiblemente el espacio que más disfrutamos de Roppongi Hills.

Roppongi es uno de esos barrios que vale la pena explorar en una segunda visita a Tokio, especialmente si ya se han recorrido los lugares más emblemáticos. Aunque no suele estar en la lista de imprescindibles para quienes visitan Japón por primera vez, ha ganado fama por su vida nocturna, con bares, discotecas y restaurantes que atraen tanto a locales como a extranjeros. Es una zona cosmopolita, con presencia de embajadas, galerías de arte y centros culturales como el Mori Art Museum o el Roppongi Hills.
Sin embargo, si lo que se busca es una experiencia nocturna más auténtica y variada, hay otras zonas que pueden resultar más interesantes. Por ejemplo, Shinjuku ofrece desde izakayas tradicionales hasta bares ocultos en Golden Gai, mientras que Shimokitazawa destaca por su ambiente alternativo y bohemio, ideal para tomar algo en locales con encanto. Incluso Ebisu y Nakameguro ofrecen opciones más tranquilas y sofisticadas para salir por la noche. Como en nuestro plan de familia no entraba disfrutar de la noche de Tokio más allá de las 10 de la noche, pusimos rumbo a otros espacios navideños en la ciudad.
Desde Roppongi nos dirigimos a Ginza en tren, aprovechando la comodidad y rapidez del metro de Tokio. Tomamos la línea Hibiya, que nos permitió atravesar la ciudad de manera directa y cómoda, disfrutando del ritmo urbano desde la ventanilla mientras nos acercábamos a otro de los barrios más emblemáticos de la capital.
Ginza
El barrio de Ginza es sinónimo de lujo y elegancia en Tokio. Sus amplias calles peatonales están llenas de boutiques de alta gama, grandes almacenes y restaurantes exclusivos. Uno de los iconos más llamativos cerca de Ginza es la estatua de Godzilla en Hibiya Godzilla Square, frente al cine Toho Cinemas Hibiya. Esta escultura de bronce de tres metros, inspirada en la película ‘Shin Godzilla’, parece cobrar vida con su imponente presencia. Ubicada en una plaza pública, añade un toque divertido y cinematográfico al entorno elegante de la zona. Que junto con la decoración navideña, fue uno de los motivos de acercarnos a Ginza y sus alrededores.

Durante la Navidad, Ginza se transforma en un espectáculo de luces que recorre sus avenidas y fachadas. Las calles se visten con elegantes iluminaciones blancas y doradas, y algunos grandes almacenes crean vitrinas temáticas que mezclan lujo y fantasía, convirtiendo el barrio en un destino perfecto para pasear, hacer compras y disfrutar del ambiente festivo. Especialmente llamativo es el entorno de Tokyo Midtown Hibiya, donde la decoración combina modernas instalaciones de luces, árboles iluminados y espacios abiertos que invitan a detenerse, fotografiarse y disfrutar del espíritu navideño en un entorno urbano sofisticado y animado.
Después de disfrutar de Ginza, nos desplazamos hasta el vecino distrito de Minato para conocer el famoso Space Train Shinbashi. Este tren, decorado con motivos futuristas y luces de colores, ofrece un recorrido breve pero lleno de encanto visual. Durante la Navidad, su ambiente se vuelve aún más especial: el tren se engalana con iluminaciones festivas, destellos brillantes y detalles navideños que transforman cada vagón en un pequeño universo mágico, haciendo que el viaje sea tan divertido y fotogénico como un paseo por un parque temático.
Después de disfrutar del Space Train Shinbashi, nos dirigimos a pie hasta Caretta Shiodome, ubicado en el distrito de Shiodome, que estaba a un agradable paseo de apenas diez minutos. Caminar por las calles iluminadas y decoradas con motivos navideños nos permitió disfrutar del ambiente festivo de Tokio mientras nos acercábamos al siguiente punto de la jornada. Para cerrar el día, Caretta Shiodome ofrece posiblemente el mejor espectáculo navideño de la ciudad. Cada año este centro comercial y cultural se transforma con un impresionante show de luces y música que ilumina su plaza central, y en aquella ocasión estaba inspirado en Aladdin, recreando escenas y canciones de la película a través de proyecciones y millones de luces brillantes. El espectáculo se lleva a cabo desde mediados de noviembre hasta mediados de febrero, con funciones diarias entre las 17:00 y las 22:30 horas.. Nosotros disfrutamos cada minuto, dejándonos envolver por la música, los colores y la magia del ambiente, cerrando así una jornada llena de compras, arte y luces navideñas de manera inolvidable.
Sin duda fue un broche perfecto a un día relajado, pero tremendamente divertido. En el que tuvimos ocasión de revisitar localizaciones y conocer otras nuevas en Tokio. Tocaba volver al hotel y descansar. Al día siguiente nos esperaba Nakano Broadway y Museo Ghibli. Pero eso será historia para una próxima entrada.
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