Día 10/11 – Varanasi (29-30 Julio)

29 JULIO

Lo que se suponía iban a ser un viaje de aproximadamente 7 horas en tren nocturno terminó siendo una odisea de 11 horas llegando para la hora de desayunar al hotel. El trayecto en tren fue largo, pero como ya teníamos nuestro rodaje tampoco se nos hizo pesado, ya sabíamos lo que nos tocaba, mi novia intentó dormir durante el recorrido y yo reposé tirado en la litera como pude, entreteniéndome en leer o consultar el GPS para saber cuanto nos quedaba para llegar. Cuando finalmente llegamos las caras de la pareja española que subió con nosotros era un poema, acostumbrados al chófer y buenos hoteles, juraron y perjuraron que no volverían a repetir experiencia con los trenes indios 🙂

Una vez en la estación principal de Varanasy (BSB) donde nos esperaba una jauría de conductores dispuestos a hacer negocio con nosotros, volvíamos a otro de los platos fuertes del turismo en India, la ciudad que baña el Ganges es visitada por miles de personal al año, puesto que para hinduistas, jainistas y budistas es una de las siete ciudades sagradas, si a eso le sumamos miles de turistas de todo el mundo que simplemente se sienten atraídos por ese misticismo que la rodea, os podéis imaginar que habrá que poner nuevamente el timómetro en On, para estar alerta de lo que pueda pasar.

Nuestro radar anti timos saltó rápidamente, es un clásico que en esta ciudad los conductores no te quieran llevar a tu alojamiento, porque según ellos se ha quemado, está completo o cerrado por reformas, por lo que lo mejor es indicar que no vamos a alojarnos, sino que simplemente vamos a visitar a un familiar o un amigo y de esa forma tendremos más posibilidades de acabar donde queremos.

Cuando conseguimos montarnos en un rickshaw para que nos llevara a nuestro hotel, acordamos 130 rupias por el viaje, el hombre desde el minuto cero se mostró muy interesado por nuestra vida y todo lo que teníamos pensado hacer durante nuestra visita, esto nos llevo ipso facto a un:

Momento Timo en Cadena

El hotel que habíamos reservado era el Scindhia Guest House,curiosa fue nuestra sorpresa cuando se para a aproximadamente unos 5 kilómetros de donde marcaba el GPS el hotel y nos dijo que habíamos llegados, no veíamos por ningún lado el letrero y pronto llegó el gerente de ese hotel con nombre similar para decirnos que si que era, que habían cambiado hace escasas semanas de nombre. Evidentemente no caímos en el engaño y le dijimos que nos llevara a nuestro hotel, que ese no era, bastante cabreado puso de nuevo marcha y a los 2 minutos de dar vueltas nuevamente se para y nos dice que allí estaba, que no se podía acercar más porque había que ir andando desde ese punto, el GPS aún marcaba 3 kilómetros y nuevamente le dijimos que siguiera hasta que finalmente nos dejó en el lugar deseado, eso si exigiéndonos más dinero por las vueltas dadas, a lo que nosotros hicimos oídos sordos después del tiempo que nos había hecho perder.

Solución: Antes de pagar cualquier trayecto, conviene asegurarse que habéis llegado al lugar indicado, no será raro que os intenten colar otro hotel o que simplemente no tengan más ganas de llevaros. Nosotros ya eramos perros viejos a esas alturas de viaje y por mucho que nos juraran en arameo que habíamos llegado, hasta que estábamos seguros no pagábamos. En este tipo de ciudades más problemáticas es posible acordar con el alojamiento reservado un sistema de recogida a la estación para evitar estos problemas.

Uno de los inconvenientes de llegar al hotel elegido es que hay que callejear un poco, aunque existen pintadas en las paredes con algunos de los hoteles de la zona para tomar referencia y no perderte en los laberínticos barrios próximos a los ghats. Uno de los motivos por los que reservamos en este hotel fue porque Isabel de Diario de Abordo estuvo a comienzo de año y nos gustó mucho tanto las habitaciones, como tener la posibilidad de divisar el río sagrado desde el propio cuarto. El precio fue de 2.140 rupias, al cambio unos 35 euros, por 2 noches incluyendo desayunos y el tuk tuk que nos llevaría el último día a la estación para poner rumbo a Nepal.

Al ser una casa de huéspedes no tuvimos que pagar nada previamente, una vez llegamos confirmamos la reserva y nos enseñaron la habitación, era justo lo que habíamos pedido por lo que aceptamos y nos pusimos cómodos, que después de tantas horas de camino ya había ganas de darse una ducha y comer algo.

Habitación del Scindhia Guest House

La habitación no estaba mal, 2 camas twins, mesita sillones y aire acondicionado, un fijo que no podía faltar en verano, lo único malo era su colocación, en mitad del ventanal si no querías que los vecinos del balcón que comunicaba varias habitaciones te viera si estabas echado en la cama, había que ingeniárselas para colocar la cortina sin tapar la ventilación.

El baño no dejaba ser un clásico indio, azulejos de hace 50 años y como siempre sin plato ducha, pero en esta ocasión teníamos hasta un cepillo para barrer el agua, todo un lujo oiga 😀

Al salir al balcón vimos el Manikarnika ghat, el crematorio con más actividad de la ciudad y un punto clave en la visita, el Ganges se mostraba totalmente revuelto y con una corriente muy fuerte, en ese momento no se veía una sola barca surcando sus aguas.

Ahora si que podíamos notar que estábamos en Varanasi, centro cultural y espiritual de la India, también conocida como Benares o Kashi, se dice que es la ciudad más antigua del mundo, los arqueólogos datan su antigüedad en más de 3000 años. En la actualidad, los hinduistas la consideran una de las principales ciudades de peregrinación. Esta categoría de ciudad santa proviene de la creencia de que una de las cuatro cabezas del dios Brahmá consiguió descansar al llegar a esta ciudad.

Según la mitología hinduista, la mano izquierda de Satí considerada como la esposa del dios Shivá, que se suicidó prendiéndose fuego, cayó en esta ciudad, teniendo cada una de estas divinidades su propio templo.

Bajirao Ghat desde hotel
Sankatha Ghat desde hotel

Si no sois muy amigos de los monos, lo siento pero esta no es vuestra ciudad, en la zona donde se encuentra el hotel, como será la concentración de esos animados simios, que todas las escaleras y patios tienen rejas para evitar que se cuelen en las viviendas o mismamente en las habitaciones del hotel donde nos encontrábamos, en un puesto seguro podemos ver sus peripecias cual camorristas siempre están saltando o pegándose entre ellos, un espectáculo gratuito que nos brindan nuevamente las calles en India.

«Vecinos» del hotel en Varanasi

Como eran casi las 9 decidimos desayunar algo en el hotel, porque con la cena tan precaria que tomamos en el tren, había ya hambre, como siempre digo en India las cosas van super lentas, salvo los conductores de rickshaw que son la excepción que rompe la norma. Como sería que estuvimos esperando casi 1 hora para que nos sirvieran el desayuno y desde luego no es que hubiéramos pedido algo muy elaborado que digamos, para muestra aquí tenéis el siguiente vídeo:

Después de desayunar decidimos echarnos un rato, el día estaba bastante caluroso y preferimos dormir un poco cómodamente en el hotel para luego echarnos a las calles. Una vez echada esa «siesta mañanera» de aproximadamente 2 horas bajamos y nos propusimos callejear un poco. Nada más salir nos encontramos con un sadhu meditando junto al río, que llevaba tres rayas de ceniza en su frente para representar los tres aspectos de Shiva en su búsqueda asceta para destruir las tres impurezas (egoísmo, acción con deseo y el maya) y una túnica de color azafrán, que significa que han sido bendecido con la sangre fértil de Parvati, la consorte de Shiva, desde luego un asceta hindú de pura cepa.

El nivel del río se veía que estaba alto, no había mas que ver que gran parte de los caminos para moverse entre ghats estaban impracticables y había que dar unos rodeos tremendos para poder caminar y salir a las calles principales de la ciudad, las barcas amarradas y los pocos lugareños que se veían por la zona estaban en su sesión matutina de baño.

Sadhu junto al Ganges, Varanasi
Barcas ancladas en el Ganges

No os exagero que estuvimos callejeando como 30 minutos hasta conseguir salir de la colmena en que se encuentra el barrio. Ya que como había caminos cortados por el agua, se tenía que dar una vuelta considerable, la suerte de esas calles estrechas es que no había tráfico a motor, salvo alguna que otra moto, pero ahí estaban los perros y sobre todo las vacas para plantar su trasero y cortar el paso ¡A ver quien es el guapo que las molesta! 🙂

Una vez descubierta la interesante vida de barrio por esa zona salimos a Chowk Godowiia Rd, una de las vías principales de la ciudad, donde el incesante tráfico nos vuelve a rodear, allí se encuentran interesantes edificios religiosos y muchos mercadillos, así como sastrerías donde podremos encargar que nos hagan algún modelito.

Colorida puerta de templo en Varanasi
Actividad en las calles de Varanasi

Al inicio de Dasaswamedh  Ghat Rd la vía principal que da acceso a uno de los ghats más concurridos nos encontramos una especie de feria, con una noria y alguna atracción más, la verdad me encantan este tipo de lugares, pero en India no me inspira mucha confianza el montarme en estos artilugios 😀

Esta calle es impresionante, tienes tiendas donde se vende casi de todo, restaurantes y gente por todas partes, gran cantidad de turistas principalmente mochileros la recorren continuamente y no faltaran nuevamente los vendedores de «bálsamo de tigre» esa panacea que sirve para curar cualquier mal. Nos paramos a comer algo por la zona antes de visitar Dasaswamedh  Ghat, ya que aún era pronto para presenciar la ceremonia que se realiza allí cada tarde.

Mercado comercial en Varanasi
Calle comercial en Varanasi

Existen aproximadamente unos 80 ghats a lo largo del río, pero los principales van desde  Raj Ghat en el norte a Assi Ghat al sur junto a la Universidad, nosotros nos dirigimos al Dashashwamedh Ghat, por ser el más animado y colorido de todos, su nombre se podría traducir como el lugar en que Brahma sacrificó 10 caballos. Es un foco importante de vendedores de flores y cazaclientes, pero bien merece la pena sentarse un poco en las escaleras que conforman el ghat y disfrutar de la ceremonia que cada tarde comienza las 19:00 horas en el lugar. El ganga aarti es un ritual hindu, ligado con el fuego, la danza y la puja, que se celebra habitualmente en los monasterios y principalmente es conocido por su vistosa puesta en escena al amanecer y al anochecer en Varanasi junto al Ganges.. El ritual va precedido de oraciones, rezos y numerosas ofrendas de mujeres que sueltan sobre las aguas  flores, arroz o sándalo.

Dasaswamedh Ghat en Varanasi
Ganges desde Dasaswamedh Ghat

La cantidad de gente que se reúne alrededor del ghat es impresionante, así como muchos peregrinos que se lanzan a las aguas para bañarse y de esa forma curar sus males o purificarse, aunque realmente la realidad sea otra y se hayan desprendido estudios en los que se indica que de cada 5.000 personas que beban sus aguas, una contraerá cáncer de páncreas u otros que indican que si un agua apta para el baño es toda aquella que cuente con menos de 500 bacterias coniformes fecales por litro, en el Ganges se concentran 1,5 millones de ellas, lo que implica que el río está tan contaminado que su agua es séptica, lo que quiere decir que no contiene oxígeno. Aunque se llevan más de 40 años luchando por limpiar el río,no parece que esto se vaya a conseguir a medio plazo.

Otra de las cosas que nos llamó especialmente la atención fue que el pudor que demuestra la sociedad India, durante esas ceremonias desaparece totalmente, las mujeres de todas las edades se bañan en las aguas con sus ropas semi transparentes y no es raro que en muchos momentos dejen al aire cualquier parte de su cuerpo sin problema alguno, una doble moral algo extraña de concebir.

Nuestra idea era montarnos en una barca y hacer la clásica excursión fluvial por el río que suelen costar aproximadamente unas 50/100 rupias después de regatear un poco. pero desgraciadamente el cauce del río no estaba practicable aquella tarde y no parecía que fuera a cambiar. Como vimos que ese primer día no iba a ser posible, nos decidimos a caminar un poco por los bazares tan clásicos de la ciudad.

Nuestra visita más interesante aquel día sería al templo de Kashi Vishwanath comúnmente conocido como el templo dorado por la capa de oro con que cuenta su torre de 15.5 metros de altura. Está dedicado al dios Shiva, fue reconstruido en 1776 por la reina Rani Ahilyabai de Indore ya que en varias invasiones fue destruido. El gran problema de este monumento, es que está en la lista de los lugares sensibles a sufrir un atentado terrorista, por lo que no dejan entrar con cámaras de fotos y te hacen un control exhaustivo antes de entrar, por tanto, si queréis verlo alguna vez os tocará visitar Varanasi.

Volvimos al hotel pues comenzaba a anochecer y nos llevamos una desagradable sorpresa, no tenían la cocina abierta por las noches y nos dieron un papel con una recomendación, nos dio bastante rabia porque contábamos con que si había, por lo que nos fuimos a una clásica tienda de barrio y nos pillamos un poco de pan bimbo, algo de embutido envasado procurando que la fecha de caducidad aún estuviera vigente y algo de beber, así nos preparamos una cenita de lo más económica y no nos tuvimos que desplazar demasiado, ya que queríamos presenciar la noche sobre el Ganges desde nuestra habitación.

Sankatha Ghat por la noche
Crecida del Ganges en Varanasi

Como cada noche la gente se agolpa para darse un buen baño en el Ganges, rezar y seguir con las cremaciones que se realizan en los ghats, la verdad que es algo curioso de ver, aunque realmente la higiene brille por su ausencia y seguramente salgan más sucios de lo que entran.

Se podían ver algunas barcas simplemente con el barquero probando el estado del río, ya os puedo decir que con la velocidad que cogían podrían competir con el Red Bull de Vettel en una carrera de F1, por tanto, todo pintaba que al día siguiente seguiría siendo complicado montarse, pues sería raro que cogieran a turistas con esas condiciones.

Con los rezos y el horizonte iluminado por cada uno de los puestos crematorios cenamos tranquilamente en el hotel, fue toda una experiencia tener esa ventana al río y divisar a vista de pájaro sus costumbres, ya que no pudimos hacer el clásico paseo en barca, nos conformamos ese día con esto 🙂

Cremaciones desde hotel de Varanasi

Como la noche anterior no se había dormido bien, porque el tren nocturno por mucho que no sea incomodo del todo no es como descansar en una cama, caímos redondos con esperanzas de al día siguiente conocer un poquito más de esta interesante a la vez que caótica ciudad.

30 JULIO

A la mañana siguiente nos dirigimos al próximo ghat de Manikarnika, considerado como el lugar más propicio para incinerar a un hindú, pudimos contemplar los leños apilados preparados para las incineraciones, todos colocados según distintas calidades, las más caras son las de sándalo. Durante nuestra visita a la ciudad vimos en varias ocasiones como los cuerpos de los recién fallecidos son transportados en unas camillas de bambú por los callejones rumbo a los ghats, pero como se encuentran recubiertos por telas apenas se pueden ver, aunque lo que si que vimos fue varios cuerpos flotando a toda velocidad por el río, será porque en la tele estamos tan acostumbrados a ver cualquier cosa, que la verdad tampoco es que nos impresionara demasiado esa imagen.

Manikarnika Ghat en Varanasi

Estuvimos viendo un poco el ghat y sus alrededores, eso si siempre con respeto pues no está permitido hacer fotos, algo comprensible, no me imagino aquí en España que llegara un fotógrafo a un velatorio y sacara la cámara, aunque puede resultar verlo en vivo un espectáculo, hay que mostrar reverencia y simplemente mirar desde la distancia. Existe un pozo en lo alto del ghat en donde se dice que Parvati se le cayó un pendiente dentro y Shiva cavó el tanque para recuperarlo, otra de esas historias curiosas que siempre es interesante conocer.

Después de esta visita nos fuimos a comer por Dasaswamedh Ghat Rd, en el restaurante Aroma, donde nos atendieron francamente bien y desde aquí lo recomiendo, aunque ni en un lugar bastante presentable como este se evita encontrar manchas en los clásicos manteles blancos, parece un toque de identidad de la India esas «medallas».

Seguidamente de comer, nos fuimos nuevamente al ghat a intentar montarnos en barca, pero estuvimos en las mismas del día anterior, no parecía probable que se pudiera tampoco montar, pues la corriente y el nivel del agua seguía en nuestra contra. Hay que reconocer que estos contratiempos nos hicieron todo lo completa que nos hubiera gustado la visita a la ciudad, puesto que por un lado los ghat se encontraban casi sumergidos en su totalidad y ese «paseo marítimo» que nos permite ir caminando por las gradas no se encontraba del todo practicable y por otro no poder hacer el paseo en barca algo tan típico también fue una pena, por lo que seguramente nos perdimos un poco de ese misticismo que brinda la ciudad, aunque bueno son cosas que pasan en un viaje, no todo se puede ver y siempre se puede volver a un lugar en el futuro con la excusa de hacer algo que se quedó en el tintero.

Volvimos al hotel para descansar un rato hasta que fuera la hora de que nos recogieran para tomar rumbo a la estación de tren y coger ese tren nocturno que nos llevaría camino de Nepal. Anduvimos un rato contemplando de cerca el río y conversando con los lugareños que se acercaban a bañarse, que normalmente te preguntaban las cosas más insólitas que te puedas imaginar, me hizo gracia un chico que me preguntó si había venido desde España hasta Varanasi andando, se nota que el pobre no tenía muy claro donde se encuentra nuestro país 🙂

Río sagrado del Ganges. Varanasi

A las 11 de la noche nos dejaron en la estación de Varanasy City donde esperábamos la llegada del Chaurichaura Express que nos llevaría a Gorakhpur, ciudad de paso en donde tomaríamos un autobús rumbo a la frontera de Nepal. Esta estación es diminuta, apenas tiene 2 vías y a esas horas en la sala de espera misteriosamente solo estábamos nosotros y un animado vigilante que con su dominio impresionante del inglés, que consistía en decir 1 palabra en ingles y 10 en hindi, nos estuvo preguntando y contando su vida durante un largo rato, desde luego no tuvimos tiempo para aburrirnos.