Me llamo José Carlos Domínguez y soy un madrileño que nació allá por 1985 en la capital española, mi infancia la pasé en el municipio madrileño de Getafe, hasta que a los 10 años cambié de aires y me fui a vivir al sur del país, a la provincia de Málaga y concretamente al pueblo de Estepona, hasta el día de hoy, aunque también he intercalado meses de estancia en Málaga capital para cursar la carrera de Económicas, la cual me encuentro en estos momentos a punto de finalizar.
En la actualidad, a parte de estar a las puertas de licenciarme, estudio alemán y para el próximo mes de septiembre comenzaré a estudiar japonés, ambos en la EOI de Málaga. Siempre me ha gustado formarme y aprender nuevas materias y dominar idiomas es algo que me entusiasma, en estos momentos me desenvuelvo bastante bien en inglés tanto hablado como escrito y francés, aunque esté último quizás lo tengo un poco oxidado, ya que no es muy frecuente que lo utilice. Mi intención es aprender al menos 5 idiomas correctamente y la complejidad de las lenguas asiáticas me atrae mucho.
Pero realmente no es que me guste el aprender por aprender y asumir que se sabe algo, sino que me gusta que el aprendizaje sea práctico y aquí es donde llegamos a el verdadero kit de la cuestión, ¿de qué forma podría aplicar esos conceptos lingüísticos aprendidos? Pues en mi caso la respuesta es sencilla: viajando.
Mi primera experiencia fuera de España fue con 7 años por el sur de Francia, aún recuerdo ese viaje en el que una de mis mayores ilusiones era ver por primera vez una frontera, por desgracia el sueño me pasó factura y a la ida no la pude ver, no obstante a la vuelta conseguí mi objetivo. En ese viaje pude notar la sensación por primera vez de estar en un lugar en el que no se hablaba español y mis oídos se tenían que acostumbrar a esos nuevas palabras que eran casi ininteligibles para mi, quizás un poco aturdido y confundido al darme cuenta que en esa situación esa barrera del idioma me impedía poder tener una integración total en el lugar, por suerte mi padre hablaba francés y el poder ver cómo era capaz de comunicarse sin problemas en otra lengua me hizo comprender lo verdaderamente importante que era este asunto. Un año después hice otro viaje al norte de Portugal.
Al igual que fue evolucionando mi concepción de la importancia de los idiomas, la forma de concebir mi idea de viaje fue desarrollándose con los años. Durante los viajes escolares me gustaba escuchar las historias que solían contar mis profesores durante las visitas y siempre me mantenía expectante para conocer detalles para mi hasta ese momento desconocidos de rincones tan mágicos como La Alhambra de Granada, no me era suficiente con disfrutar de las vistas sino que tenía la necesidad de conocer detalles de esos emplazamientos.

Un gran punto de inflexión fue el viaje de fin de Curso realizado a los 12 años a Galicia, hasta ese momento aún no había visitado esa Comunidad Autónoma y sería la primera vez que estaría más de 1 semana lejos de mis padres, por lo que la experiencia prometía mucho. Aquí pude darme cuenta de varios puntos en los que no estaba muy conforme, en primer lugar comencé a notar que los viajes guiados no eran para mí, esa sensación de tener que ir de un lado para otro sin poder decidir cuándo pararse y disfrutar del lugar y tampoco poder elegir que quieres o no quieres visitar no iba conmigo, en segundo lugar pude comprobar que viajar con un grupo muy numeroso de personas no era de lo más conveniente, si en muchas ocasiones es complicado ponerse de acuerdo con otra persona, imaginar la tortura en que se puede convertir en poner de acuerdo a más de 30 y por último, que en muchas ocasiones los paquetes turísticos dejan mucho que desear, parece que por hacer un precio económico a un grupo ya por ello las calidades de lo que contrata tienen que estar por debajo de lo mínimamente razonable. El viaje en definitiva no fue malo, conocí una zona que me gustó mucho, pero que sin duda visto en perspectiva tuvo muchos puntos bastante cuestionables.
El resto de los años de instituto los pasé de forma similar con viajes de fin de semana programados. Cuando llegó el momento del famoso viaje de fin de curso que precede al graduado escolar, nuevamente se despertaba en mi esa duda, de nuevo un viaje en el que podría volver con un mal sabor de boca después de haberme gastado un buen dinero, después de una votación para elegir el destino, el lugar que salió elegido fue Italia, en ese momento lo tuve claro, lo siento pero visitando un lugar que me llama tanto la atención, no pensaba cometer el error bajo mi juicio de ir y venir con una sensación de disgusto.
Pasaron los años y poco a poco se va teniendo una relativa libertad para montar tus propios planes, en ese momento y a la edad de 22 años llegó otro de esos viajes que se recuerdan por algún ápice de novedad que hasta ese momento no se había dado la ocasión, me refiero a hacer un viaje solo, la cita tuvo lugar en la Campus Party de Valencia, una oferta de trabajo de 1 semana en el área de videojuegos, otro de mis hobbies favoritos, la experiencia fue muy buena, conocí muy buena gente y con todo el tiempo libre que tuvimos, pudimos dar un buen repaso a la ciudad, la cual de siempre me ha encantado su estilo arquitectónico.

En esta cita también fui descubriendo otra de mis actividades favoritas en la actualidad, la fotografía, cualquiera que lleve más de 10 años haciendo fotos habrá tenido una cámara de carrete fotográfico y conocerá su gran limitación, el hecho de que el revelado y la cantidad de fotos que se podían realizar sin dejarse una cantidad de dinero considerable era muy limitadas, durante toda la visita tuve la oportunidad de tener una cámara digital y hacer todas las fotos que quisiera sin miedo a gastar el carrete y encima comprobar al momento si las instantáneas habían salido bien, desde luego en esos momentos me di cuenta que había nacido el pasaíso de la fotografía amateur y ya desde ahí a evolucionar según el instinto de cada uno.
Hasta que llegó sin duda uno de los grandes detonantes de mi experiencia como viajero, aparece el viaje de fin de carrera, se barajan distintas propuestas y al final se decide realizar un viaje a Punta Cana y llega el momento de poner un punto más en esta crónica de mi idea de viaje ideal, lo siento, pero no concibo pagar por irme a un destino de sol y playa, encima viviendo en la misma Costa del Sol, por lo que con la edad que tenía 23 años y como es lógico con situación económica propia mejor que con hace unos años, en compañía de dos amigo nos empezamos a plantear un viaje a un lugar que verdaderamente nos gustara, pronto sale el destino elegido: la Costa Oeste de Estados Unidos.
Poco a poco fuimos cerrando muchos de los asuntos como billetes, de avión, hoteles y excursiones, todo aquello que tenía que estar fijado antes de partir, durante esos meses pude comprobar que si un viaje es entretenido durante su realización, igual de placentero es el momento de los preparativos, donde la ilusión te embarga y casi puedes imaginarte en pleno viaje.
Siempre me ha gustado ver documentales e informarme de destinos turísticos, pero a partir de este momento mi pasión por documentarme en estos temas se fue incrementando con creces.
Pero en medio de todos estos preparativos surgió un brillante acontecimiento, siempre he pensado que mi alma gemela debería compartir conmigo esa pasión por viajar, no podía dilucidar un futuro sentado en un sillón haciendo zapping con el mando con todo ese mundo deseoso de ser conocido ahí fuera, pues en ese preciso momento cuando estábamos en el ecuador de los preparativos conocí a la chica que en este momento es mi pareja y con la que afortunadamente a parte de conectar en muchos otros aspectos, también lo hacemos en esa pasión por conocer nuevos lugares, muchas veces había pensado como sería un viaje con una persona tan importante sentimentalmente a tu lado y ahora se podía hacer realidad. Pero mi chica no quería entrometerse en nuestro viaje, llevábamos poco y no era momento para interceder en un viaje que con tanto cariño habíamos preparado 3 amigos desde hace tanto tiempo, por lo que ese viaje juntos se tendría que demorar un poco.
Por mi parte no podía perder la oportunidad de comprarme una buena cámara para inmortalizar cada detalle de ese viaje, quería venir cargado de momentos que me recordaran para siempre esta aventura.
Sony Cyber-shot DSC-H50
Así fue, veía aun precipitado comprarme una Reflex sin apenas nociones de fotografía y tampoco quería comprarme cualquier cámara digital con la que el resultado de las fotos no fuera de mi agrado, por lo que me hice con una Sony H50, una bridge ultrazoom que cumplía con creces mis necesidades y la cual sigo usando en la actualidad sin que se me queden cortas sus prestaciones.
El verano de 2009 llegó, nos esperaban 14 días por la Costa Oeste de Estados Unidos, jamás habíamos estado ninguno tan lejos de casa, pero eso importaba poco, después de meses de preparación ni las más de 10 horas de avión que nos esperaban con 3 escalas incluidas nos iban a frenar, aunque en mi caso ese inesperado y maravilloso suceso me hacía irme con un poco de tristeza, aunque ya hablábamos de que a la vuelta le contaría todo lo que viera para que sintiera casi como si hubiera estado allí.

Una vez allí esa sensación de libertad cumpliendo cada objetivo fijado en nuestro planning nos hizo sentirnos pletóricos, al fin habíamos conseguido realizar el primero de los muchos grandes viajes que nos esperarían en el futuro. Fue sin duda mi pistoletazo de salida en mi misión de conocer el mayor número de países del mundo posibles y si no tenía suficiente con contar con unos excelentes amigos y compañeros de viaje, ahora tenía la posibilidad de realizar viajes en compañía de mi chica.
A la vuelta tuvimos una gran idea comprar un par de mapas y marcar con chinchetas todos los destinos que nos gustaría visitar los próximos años, así cada uno tendría en su cuarto un mapa con una infinidad de ilusiones que intentaremos que se cumplan poco a poco con el paso de los años.
También hemos configurado una lista con todos los objetivos que nos gustaría cumplir en nuestros viajes, es posible que se vaya ampliando cuando nos surjan más cosas destacadas, podéis ver la lista en:
Pero esto no quedó así, ya que después de haberme ido sin ella tocaba planificar nuestro primer viaje juntos, decidimos que la fecha que más nos hacía ilusión era pasar un año nuevo fuera de España y entre los múltiples destinos que rondaban nuestra cabeza pensamos que Londres sería un bonito lugar y así lo decidimos. Cuando casi no había más que hecho llegar, tocaba volver a ponerse manos a la obra para planificar otro nuevo destino.

Sumando mi pasión por viajar, mi amor por la fotografía y mi gusto por el uso de Internet, surgió “La Próxima Parada”, un blog de viajes en el que contaría mis aventuras por medio mundo, intentando mostrar mis experiencias de forma que sirvieran de ayuda para otros tantos viajeros que tuvieran en mente un viaje similar o simplemente para aquellos amantes de la materia deseosos de descubrir nuevos rincones de la mano de mis letras y mis fotografías.
El tiempo dirá cuán grande será este pequeño rinconcito de Internet, pero una cosa tengo clara mi necesidad de viajar se mantendrá perenne en el tiempo y espero que de aquí a no muchos años se cuenten por decenas los reportajes, crónicas y consejos para viajeros realizados, ayudando y aconsejando en todo lo que esté en mi mano y si es posible conocer nuevas amistades a través de este medio siempre serán bien recibidas.
José Carlos DS.