Balneario Széchenyi en Budapest – Día 2 (1 enero) Parte 1

Comenzábamos un nuevo año, y en esta ocasión, en Budapest. Cada 1 de enero que nos encontramos de viaje, siempre está el dilema de qué hacer en un día festivo en el que normalmente la actividad de las ciudades suele estar más parada. Afortunadamente Hungría es un país especialmente rico en aguas termales y nada nos apetecía más que pasar a remojo la primera mañana de 2017. Siendo uno de sus mayores recursos, las fuentes termales, Hungría es la reserva de mayor importancia mundial y única en Europa. Existen más de un millar de pozo de agua caliente con temperatura por encima de los 30 grados, aunque la mayoría se encuentra en la Gran Llanura Húngara.

Con más de 150 termas de agua caliente a nuestra disposición, Hungría es un referente en el turismo de salud y bienestar. Y prueba de ello es que a la capital húngara Budapest, se la conoce como la capital de los balnearios. Existen a nuestra disposición más de 20 balnearios, muchos de ellos fueron levantados en época de ocupación Otomana, siguiendo además en funcionamiento.

Entre los muchos balnearios de Budapest, hay dos que siempre se citan como los mejores exponentes de la ciudad, el Balneario Széchenyi y el Balneario Gellert. Como nuestro viaje a Budapest era de 5 días, nuestra intención era visitar al menos uno. Finalmente nos decantamos por el Balneario Széchenyi. Aunque el Balneario Gellert es ampliamente conocido por la cantidad de revistas o anuncios en los que ha aparecido y su encanto es indudable, uno de sus principales valedores es su piscina exterior de olas. El inconveniente es que al ser invierno y no estar climatizada esa piscina exterior, perdía cierto interés. Sin embargo Széchenyi cuenta con piscinas, tanto interiores como exteriores, climatizadas. Por lo que bajo mi punto de vista, si vamos en época de buen tiempo, Gellert sería mi segunda opción a valorar, mientras que  Széchenyi sería mi primera opción en cualquier época. Aunque especialmente el Balneario Széchenyi en invierno es totalmente imprescindible por el ambiente que se respira. Y con esta recomendación personal, pasaremos a analizar nuestra visita al Balneario de Széchenyi.

Cómo llegar al Balneario Széchenyi

La opción más cómoda para llegar al balneario de Széchenyi es en metro. La línea M1 (amarilla) cuenta con una parada frente al edificio principal, en concreto la estación de Széchenyi fürdö. También lo podemos hacer en el trolebús número 74. La información básica para visitar el Balneario Széchenyi es la siguiente:

      • Horario: de 6 de la mañana a 10 de la noche. Si entramos por la puerta lateral solo podremos estar hasta las 19:00 horas.
      • Precios (2017): entre 4.600 a 5.300 Ft. (Al cambio 15 euros a 17 euros). Los fines de semana hay un suplemento de 200 florines húngaros. Con Budapest Card obtenemos un 20% de descuento sobre la entrada. Consultar todos los precios en 2017 (Español).
      • Más información: Balneario Termal Széchenyi.

Cuando comenzamos a organizar el planning de Budapest, una de las curiosidades que descubrimos es que el 1 de enero en Hungría es costumbre comenzar el año en uno de sus balnearios. Así que como se suele decir, donde fueres haz lo que vieres. Teníamos ciertas dudas porque en algunos lugares habíamos leído que las colas ese día suelen ser importantes. Finalmente nos animamos, y para allá que nos fuimos. Como la noche anterior no nos habíamos acostado precisamente pronto, eran las 10 de la mañana cuando llegamos al parque Városliget de Budapest, donde se encuentra este balneario. Una vez más usamos nuestra Budapest Card para llegar allí, además de para aprovechar el descuento en la entrada. El día estaba claro, pero, al fijarnos en la vegetación de plantas y árboles, comprobamos que todo estaba nevado y de hecho estaban cayendo pequeño copos de nieve.

El balneario de Széchenyi cuenta con dos accesos. La entrada principal da hacia el Fővárosi Nagycirkusz, el circo de Budapest. Mientras que la secundaria es la que coincide con la salida del metro en una esquina izquierda del edificio si tenemos en cuenta el metro. Ambas entradas dan el mismo acceso, por lo que lo único que tenéis que tener en cuenta es ver la que tiene menos colas. En nuestro caso accedimos por la entrada principal. Las taquillas para comprar los billetes se encuentran tanto a izquierda como a derecha del vestíbulo. Allí además encontramos unas tablas con todos los precios. También hay un mostrador para comprar toallas y otros artículos para el baño. Es recomendable llevar albornoz o toalla de casa, pues los precios del alquiler son caros. El gorro no es necesario, salvo para la piscina de nadar.

Existen multitud de opciones en cuanto a las entradas de Széchenyi. Entrada para todo el día, entrada de solo mañana o tarde. Así como una visita que no permite baño por 1.700 Ft. Pero ya os digo que entrar allí y no bañarse es casi delito. Hay opción de taquilla o vestuario, aunque el vestuario se puede compartir. Por lo que con comprar una entrada con cabina es suficiente. Las cabinas son suficientemente amplias incluso para dos personas, aunque un poco apretados. Con las entradas en mano, que también se puede reservar por internet si no queremos hacer colas, toca pasar unos tornos. Junto a la entrada nos darán unas pulseras que evidentemente se pueden sumergir en el agua. Tras pasar los tornos esas pulseras se cargan y nos darán el número de nuestro vestuario. Por un pasillo lo buscaremos y abriremos acercando la circunferencia de la pulsera al sensor de la puerta. No os preocupéis si se os va el santo al cielo, hay unas máquinas en la pared que pasando la pulsera os dirán que vestuario tenéis si a la vuelta con tanto relax se os ha olvidado.

Una vez nos pusimos los bañadores y las chanclas, armados con nuestras toallas nos dispusimos a salir al exterior. La parte de vestuarios se encuentran en el lado opuesto a donde se encuentran todas las piscinas, baños y saunas de interior. Por lo que es necesario salir al patio exterior donde se encuentran 2 piscinas climatizadas y una piscina central de baño. En aquel día la temperatura era de 4 grados bajo cero, por lo que si sois frioleros y os estáis comenzando a imaginar la situación, el frío os estará recorriendo de punta a punta. La sensación inicial al salir del pasillo con calefacción donde se encuentran los vestuarios es un choque bastante serio. Aunque en cuanto dejéis las zapatillas, la toalla y os metáis en las piscinas todo cambiará. Una vez dentro es como haber llegado al paraíso. El agua de las 2 piscinas climatizadas del exterior se encuentra a más de 30 grados y, aunque al entrar notamos como la circulación de nuestro cuerpo se activa, una vez pasan unos segundos la sensación es muy placentera.

Balneario Széchenyi Piscina Exterior

Disfrutar plácidamente de este edificio, construido en el año 1913 de estilo neobarroco, mientras vemos como el vapor asciende y se crea un clima tan agradable es una maravilla. Al visitarlo en esta temporada es como divisar el invierno más gélido desde el salón de casa junto la chimenea. Todo el edificio estaba cubierto por una fina capa de nieve, incluso el suelo. Su agua es suministrada por dos fuentes de aguas termales con temperaturas superiores a los 70 grados. Y como citábamos en una anterior entrada, su nombre se lo debe al político y escritor húngaro Esteban Széchenyi. Los componentes principales de estas aguas cuentan con sulfato de calcio, magnesio, bicarbonato, además de flúor y ácido metabórico. Por tanto son especialmente recomendables estas aguas medicinales para enfermedades degenerativas e inflamaciones.

Invierno en Balneario Szechenyi de Budapest
Esculturas del Balneario Széchenyi en Budapest
Balneario Szechenyi Piscina de Nado

La afluencia en esas hora del día era normal, en las piscinas nos pudimos bañar cómodamente e incluso disfrutar de una subpiscina circular con chorros que nos harán girar una y otra vez en uno de los baños exteriores. Además cuenta también con sillones jacuzzi, no se puede pedir más. En su interior contamos con otras 15 piscinas cubiertas. Además en el sótano, al que se accede por unas escaleras próximas a uno de los accesos de las piscinas cubiertas, encontramos saunas. También hay varias duchas con diferentes chorros y tratamientos. Las piscinas de interior tienen diferentes temperaturas y también hallamos tumbonas, secadores de pelo, alguna fuente con agua potable  y servicios. Incluso algunas de las piscinas están adaptadas para personas con movilidad reducida. Es muy fácil saber si una piscina está más o menos caliente, en función de la gente que encontremos. A más calor, más gente habrá dentro, una opción visual rápida sin necesidad de meter la “patita” 😀

Además de darnos un simple baño, o sudar un poco en las saunas, hay posibilidad de hacer aerobic o gimnasia acuática. También ofrecen servicios médicos o wellness. Si sois cerveceros igual os animáis a daros un buen baño de cerveza en pareja. Es posible contratar masajes y tratamientos complementarios. Así como otros servicios de belleza, como la pedicura. Los precios son bastante más elevados, pero no tanto si los comparamos con los mismos servicios en otros países europeos. Aunque hay un restaurante donde podemos comer, también es posible hacerlo en el patio exterior si metemos la comida de fuera, sin restricción de bebidas.

Piscina Interior Széchenyi en Budapest
Aguas termales en Balneario Szechenyi
Piscinas Termales Interior Balneario Szechenyi

Posiblemente la experiencia que más disfruté en Budapest. Y es que soy un auténtico fanático de los baños termales. Además al no ser para nada friolero, me pude echar unas buenas risas viendo a la gente corriendo despavorida de uno a otro baño. Aunque no os preocupéis, Carmen que no es amiga para nada del frio, no lo pasó para nada mal, y la recompensa merece la pena. El Balneario de Széchenyi es un auténtico imprescindible en una visita a Budapest. Especialmente en invierno donde sus baños son de lo más agradables.

Por lo que recapitulando, no olvides bañador, chanclas y toallas. Intenta ir por la mañana para evitar colas, o al final del día para ahorrar algo de dinero. Cuando salimos era ya la hora de comer y comenzamos a ver basta

José Carlos DS

José Carlos DS: Economista y blogger de viajes en La Próxima Parada. Ratón de ciudad, pero que le gusta la naturaleza por igual. Sus otras pasiones son el cine, los deportes y los videojuegos.

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2 comentarios

  • responder Carmen ,

    Invierno, pero no el invierno al que yo estoy acostumbrada en Málaga, si no INVIERNO, en mayúsculas. No me avergüenza afirmar que tenía bastante miedo a experimentarlo sin capas y capas de ropa que me protegieran de él. Pero no puedes ir a Budapest y no disfrutar de un balneario, así que me mentalicé para esos minutos en los que tendría que pasar desde el vestuario a la zona exterior para, por fin, alcanzar la meta: una piscina maravillosamente climatizada. Pero tengo que decir que no fue para tanto. Hacía frío, sin duda, pero era soportable, más aún cuando se disfruta de ese maravilloso ambiente nevado con el cuerpo sumergido en agradable calor.
    Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo. Me sentí revitalizada. Pude experimentar en carne propia que los contrastes de frío y calor son un tandem bien avenido.

    • José Carlos DS ,

      Está claro que en una futura visita habrá que repetir la experiencia, pero con los calores del verano. Aunque sin duda el baño tan placentero en pleno invierno bajo cero es una experiencia totalmente revitalizadora 😀

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