Comenzaba nuestro segundo día en Roma, fieles a nuestros principios viajeros, hoy volveríamos a madrugar de lo lindo para aprovechar lo más posible la jornada, en esta ocasión tocaría emplear parte de la mañana para visitar la Ciudad del Vaticano. Para llegar hasta allí desde nuestro hotel la combinación era bastante sencilla, desde la estación de metro de Bologna tomaríamos la linea B (azul) hasta la estación de Termini y desde allí tomaríamos la linea A (naranja) hasta la parada de Ottaviano “San Pietro”, en unos 15 minutos estaremos allí y como aún era pronto, ya que aprovechamos que el metro de Roma abre sobre las 5:30 de la mañana, todavía se podía ir incluso sentado.
Visitar Basílica de San Pedro
Llegar hasta el Vaticano una vez estamos en la estación de Ottaviano es bastante simple, aquí más que nunca se hace cierto el dicho “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”, aunque nada más salir veremos mapas e indicaciones para saber que camino tomar, seguro que una vez allí, veréis un importante hormiguero de gente que se dirige calle abajo por la vía del mismo nombre que la parada de metro, una vez crucemos la Piazza del Risorgimento, donde según avanza el día se suele montar un mercadillo, tendremos delante nuestra uno de los laterales de la plaza de San Pedro donde se encuentra la Basílica, si seguimos recto llegaremos a ella, mientras que si giramos a la derecha nos toparemos con un muro de piedra que siguiéndolo nos llevara hasta los Museos Vaticanos. Nosotros aprovechando que no eran aún ni las 7, nos acercamos primero a la Basílica de San Pedro cuyo horario de apertura durante de noviembre a marzo es de 7 de la mañana a 7 de la tarde, el resto del año abre hasta una hora más tarde, por lo que llegamos justo para hacer cola y entrar de los primeros. Una de las imágenes que siempre había podido disfrutar por la tele y que estaba deseoso de ver en vivo, era la clásica postal navideña de la Plaza de San Pedro con el árbol de navidad y el belén. En esta ocasión el portal estaba compuesto por cien figuras de terracota del autor Francesco Artese, y la puesta en escena intentaba recrear un típico paisaje de la Tierra Santa.
Al llegar de buena mañana, cuando aún el sol apenas comenzaba a reflejarse sobre la fachada de la Basílica, pudimos contemplar la plaza de San Pedro casi desierta. Una estampa casi impensable, especialmente para lo que suele ser habitual en los momentos que su ubicación es noticia y la vemos plagada de fieles y curiosos que se asoman para ver al Papa o presenciar el evento religioso de rigor, y es que en unas dimensiones de 320 metros de longitud y 240 metros de altura se llegan a congregar más de 300.000 personas. Su construcción se llevó acabo entre 1656 y 1667, durante el papado de Alejando XII de la mano de Bernini. La plaza está rodeada por 284 imponentes columnas y 88 pilastras coronadas por nada menos que 140 estatuas de santos que se colocaron en el año 1670 y realizadas por discípulos de Bernini. Un enorme obelisco de 25 metros traído de Egipto se encuentra en el centro de una plaza compuesta por dos espacios, que el napolitano intentó darle un simbolismo especial, en su composición asemejaría toda la estructura como si fuera un cuerpo humano, donde la cúpula sería la cabeza, y las columnas los brazos que abrazaría a todos los fieles que acudieran a la plaza y que directamente serían bendecidos.
Esta visita desde luego es peculiar en muchos aspectos, pues podemos narrar muchas de las singularidades que tiene el emplazamiento del Vaticano, como que se trata de una ciudad-estado y centro neurálgico de la Iglesia Católica, así como el estado más pequeño de toda Europa con unas dimensiones de 0,44 kilómetros y una población que no llega al millar de habitantes. Todo ello se hizo oficial el 11 de febrero de 1929 por lo que no hace ni 100 años de ello. Para hacernos una idea de su limitado tamaño, si pusiéramos el plano del Vaticano encima del Parque del Retiro, entraría perfectamente, ya que este área verde de la capital de España mide bastante más, 1,18 kilómetros cuadrados.
Una vez pasamos los controles de seguridad de la entrada, donde revisarán nuestro equipaje tal como haríamos en un aeropuerto, nos encontraremos delante de la imponente fachada presidida por Jesucristo y sus apóstoles, la entrada es totalmente gratuita y si por fuera el monumento es colosal, por dentro sorprende aún más. Su espacio interior es el de mayor tamaño en una iglesia cristiana, con 193 metros de longitud, 44.5 de altura en su nave central, llegando a los 136 metros en su cúpula y unas dimensiones en planta totales de 23.000 metros cuadrados, cuanto menos sorprendente, aunque el efecto óptico al ser un lugar cerrado es que en televisión parece sensiblemente más grande, algo muy parecido a lo que pasa en estadios de fútbol cuando se encuentra uno en el terreno de juego o en el Congreso de los Diputados en Madrid, pero si pensamos que tiene una capacidad para 20.000 personas, ya nos hacemos una idea de su glorioso tamaño.
Seguramente su nave central sea el lugar más reconocible por la mayoría de gente, allí se realiza la misa del gallo cada 24 de diciembre, donde se recuerda el nacimiento de Jesús. Pero el resto de naves son igualmente interesantes, a la derecha encontramos la nave de la epístola donde podemos ver la capilla en la que se aloja la Piedad de Miguel Ángel, pero sin duda el punto más visitado por encima de todos es la tumba de Juan Pablo II que se encuentran allí depositados desde el 2 de mayo de 2011, tras una losa de mármol con la inscripción “Beatvs Ioannes Pavlvs PP. II”, esta no es ninguna excepción, pues según las creencias cristianas la basílica está levantada encima de la tumba de San Pedro, que según parece está bajo el altar mayor, por ello muchos papas han sido enterrados en la cripta desde hace ya varios siglos y la cual podemos visitar desde su acceso en la nave del evangelio a la izquierda. En esta nave se encuentra la Capilla del Bautismo diseñada por Carlo Fontana y decorada por Baciccio. Una de las estatuas más espectaculares es la de San Pedro considerado el primer Papa de la historia, sentado en su trono y que cuenta con un pie derecho sensiblemente desgastado, fruto de la costumbre popular de besarlo o pasarle la mano. Otra de las partes que podemos divisar estupendamente es la girola, forma la parte del deambulario que rodea los cuatro pilares que sostienen la cúpula y que da paso al órgano que fue construido por Tamburini en 1962. Una de las curiosidades de esta basílica es que nos podemos confesar en las principales lenguas del mundo y que periódicamente en los altares menores se ceremonian misas para grupos reducidos de fieles que así lo gusten.
Subir a la Cúpula del Vaticano
Una de las grandes citas que teníamos pendientes cuando visitamos el Vaticano, era subir hasta su cúpula, para ello tenemos 2 opciones, por un lado pagar 5 euros y subir los nada menos que 551 escalones a pie, apto para los más deportistas (nosotros evidentemente fue la que escogimos) o pagar 7 euros y subir en ascensor hasta la base de la cúpula. para luego ascender a lo largo de 320 escalones hasta la cima. Realmente la parte inicial es la más cómoda, pues la pendiente y el espacio de la galería por la que ascendemos es mucho más ancha, nada que ver con la parte final tras llegar a la cúpula donde todo se vuelve extremadamente estrecho y obligatoriamente nos tocará subir a pie, a lo largo de unos pasillos que en muchos casos nos harán doblarnos y tener nuestros hombros pegados a ambos lados de las paredes, desde luego que no es una visita para claustrofóbicos, pero de la que disfrutaréis mucho si os animáis a realizarla, hay que tener en cuenta que abre una hora después que la basílica.
Desde arriba y como podéis comprobar en el vídeo, podemos apreciar mucho mejor el espectacular trabajo realizado en la cúpula, que fue iniciada por Miguel Ángel, Giacomo Della Porta continuó y Carlo Maderno finalizó el trabajo en 1614. Desde su parte exterior seguramente nos vengan a la mente edificios que cuentan bóvedas similares como la de la Catedral de San Pablo de Londres o el Capitolio de Washington, como bien imagináis ambos lugares se inspiraron en ésta.
Una vez estamos estamos en todo lo alto de la cúpula y en días claros como fue nuestro caso, podemos ver una panorámica en 360 grados de toda la ciudad, contemplando desde los aires la plaza de San Pedro, así como la parte trasera de las esculturas de Cristo Redentor, Juan el bautista a su derecha, y once de los doce apóstoles que decoran la fachada. Las imágenes son de izquierda a derecha: Judas Tadeo, Mateo, Felipe, Tomás, Santiago el Mayor, Juan el bautista, Cristo Redentor, Andrés, Juan el evangelista, Santiago el Menor, Bartolomé, Simón y Matías (si lo consideramos de forma frontal). En cuanto a San Pedro, se encuentra justo delante de la fachada, precediendo junto a otra estatua de San Pablo a las anteriormente citadas. Desde este punto es cuando mejor se comprenden las reducidas dimensiones del Vaticano, por la parte de atrás podemos ver unos jardines donde se pueden apreciar a la derecha los Museos Vaticanos que sería nuestra siguiente visita del día, así como el edificio del gobierno vaticano, junto a otros edificios de administración, viviendas y numerosas capillas.
Una vez descendimos nos encontramos en una de las puertas que dan acceso a las áreas restringidas del Vaticano, a los miembros de la guardia suiza, el cuerpo miliar encargado de la seguridad del Estado de la Ciudad del Vaticano, famosos por sus célebres trajes, que fueron diseñados por el comandante Jules Respond a principios del siglo pasado y según parece se inspiró en artistas como Miguel Ángel o Raphael., así como por su disciplina y lealtad, es por eso que desde que Julio II conocido como el “Papa Guerrero” los fichara para defender el pontificado, son imagen visible y representativa de la Santa Sede.
Así abandonamos esta basílica mayor, seguramente la más conocida de las cuatro que existen en Roma y que se completan con San Pablo Extramuros, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán, siendo esta última la única considerada como catedral, las cuales visitaríamos más adelante.
Visitar Museos Vaticanos
Teniendo en cuenta que nuestra visita a la Basílica de San Pedro duraría alrededor de una hora y cuarto, cuando nos pusimos a la cola para entrar en los Museos Vaticanos había una cantidad de gente considerable en espera, por lo que terminamos entrando a las 10 y media, todo dependerá del día, pero incluso si queremos hacer cola antes de que abran a las 9:00 y considerando que cierran a las 18:00 horas (último acceso 16:00) de lunes a sábado y de forma extraordinaria el último domingo de mes por las mañanas, igualmente nos tocará hacer fila, pues seguro que habrá gente apostada allí un par de horas antes para poder acceder, por lo que es un lugar en el que hay que echar paciencia y saber que tocará espera un buen rato, nosotros estuvimos alrededor de una hora, nada mal para lo que nos habían contado. Durante ese tiempo nos entretuvimos viendo como pasaban centenares de vendedores de postales a 1 euro, algo que hoy en día ha perdido todo su impacto con las cámaras actuales, u ofertando visitas guiadas con opción a saltarse la cola, nosotros que no somos muy dados a contratar ese tipo de servicios y encima viajamos con presupuestos ajustados, pasamos completamente del tema, pero igual para grandes grupos si que puede ser recomendable y así entrar más rápidamente.
En nuestro caso como digo optamos por pagar los 15 euros que cuesta la entrada y esperar como niños buenos hasta que llegara nuestro turno, como dato ese último domingo de cada mes la entrada es gratuita, pero con la mano en el corazón yo creo que desistiría a ir en ese día, porque la cantidad de gente que habrá y encima abriendo únicamente durante la mañana, nos puede hacer la visita un tanto desesperante, hay que tener muy claro que es un sitio para disfrutar.
En las fechas que estuvimos el Banco Central de Italia bloqueó los pagos electrónicos en el Vaticano, al no cumplir las normas bancarias a nivel europeo, por lo que únicamente se podía pagar en efectivo, algo que estuvo ocasionando bastantes problemas durante el mes de enero, pero finalmente a mediados de febrero ya se ha vuelto a restablecer este servicio para que los turistas puedan seguir pagando su entrada y comprando souvenirs o servicios turísticos en la Ciudad del Vaticano, está claro que la convulsión económica no deja de lado a nadie
Los orígenes de los Museos Vaticanos datan de principios del siglo XVI, todo comenzó cuando el cardenal Giuliano della Rovere fue nombrado papa en 1503 y trasladó su colección privada al patio del Palacio Belvedere, con el paso de los años otros tantos Papas y colaboraciones de grandes familias italianas fueron nutriendo a este germen de museo de más obras, a la vez que se construían nuevos edificios para albergarlas, así fue surgiendo lo que hoy en día podemos visitar, una espectacular galería repleta de esculturas, cuadros y restos arqueológicos de distintas épocas que forma una muestra de la extensa colección de la Iglesia Católica Romana. Lejos de lo que puedan creer muchos, no se tratan únicamente de obras con temática religiosa, sino que podemos encontrar temáticas y orígenes de lo más diversos, por lo que su visita es recomendable tanto para los que postulen con la religión católica, como para los más agnósticos, al fin y al cabo estamos hablando de arte y no de creencias.
Por encima de todas ellas hay una sala que recibe toda la fama del lugar, esa es sin duda la Capilla Sixtina, una de las obras más célebres del erudito Miguel Ángel y que fue construida entre 1471 y 1484 durante el papado de Sixto IV, de ahí su nombre. En estos días es aún más renombrado este lugar, ya que aquí es donde se realizan los cónclaves y otras ceremonias oficiales, por lo que en esta sala se determinará quien es el próximo Papa. La parte central es la más representativa, nueve escenas recrean la creación y la caída del hombre rodeadas por profetas y sibilas. En el muro del altar mayor podemos ver el Juicio Final, pero sin duda la imagen más conocida es la de la creación cuando Dios Creador toca con un dedo a Adán para darle la vida, tal como podéis ver en la imagen de más abajo. En esta sala también os tengo que alertar que no se pueden realizar fotografías, pero aunque regañan puntualmente, la gente por regla general las hace sin ningún pudor, el motivo de que esté vetado el vídeo y la toma de fotografías, es que hay que tener en cuenta que es un lugar sagrado y se debe tener un cierto respeto, en todo momento suena música de ambiente. A mi a nivel personal me encantó, desde luego las expectativas fueron colmadas y más aún si nos ponemos a pensar en el tamaño de la bóveda y lo duro que tuvo que ser trabajar allí para crear esta obra universal.
Las primeras galerías que visitamos me recordaron en cierta manera a Versalles, donde podemos ver obras que pertenecían a los papas Clemente XIV y Pío VI en el museo de Pío-Clementino, en el apartamento de Pio V destacan colecciones de tapices flamencos y cerámicas medievales, así como mapas cartográficos anteriores a 1600. Si queremos saber aún más, podemos coger una audio-guía en nuestro idioma y movernos según nos van comentando. Los detalles en las paredes y bóvedas son magníficas, sin tener en cuenta las obras que albergan, ya son auténticas obras de arte por si solas. Para los que se sientan más católicos ese día, no se deben perder el apartamento Borgia, allí podemos presenciar unas espléndidas colecciones de Arte Religioso Moderno o antigüedades cristianas del siglo VI en el Museo Pío Cristiano.
Si vamos buscando áreas más exóticas, al estilo del British Museum de Londres, aquí también encontramos un completo museo egipcio, con piezas egipcias adquiridas por los Papas durante centeneras de años, con impresionantes esculturas o preciados sarcófagos del siglo III a.C. También se pueden ver algunas estatuas de basalto negro (copias de modelos egipcios) procedentes de la Villa Adriana. Pero también hay sitio para piezas y esculturas etruscas, romanas y griegas de la antigüedad. En definitiva una de esas colecciones que no dejan indiferente a nadie y que en muchas ocasiones son fruto de las críticas al relacionar a una Iglesia que promulga la caridad y el rechazo de la codicia, con tanto lujo y opulencia, sin entrar a analizar este asunto, pues no es la temática general de este blog, tengo que decir que al menos me alegra que gracias a esta recolección de obras a lo largo de los siglos, hoy en día las podemos contemplar y no estén en manos de coleccionistas privados o en el peor del casos, podrían haber sido pasto del paso del tiempo y que no hubieran llegado hasta nuestros días.
Las galerías se disponen alrededor del patio de la Piña, un área al aire libre donde poder reposar durante la visita, comer algo y contemplar el edificio desde el exterior, en su parte central encontramos una moderna creación que recibe el nombre de “esfera con esfera” realizada en 1990 por Arnaldo Pomodoro, una esfera de bronce de 400 centímetros de diámetro y que como curiosidad también se encuentra en el Trinity College de Dublín, la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el Museo Hirshhorn y Jardín de Esculturas en Washington, DC, Christian Theological Seminary en Indianápolis o el de Young Museum en San Francisco. Son muchas las simbologías que se le dan a esta creación contemporánea, unos dicen que es el planeta tierra, otros que representa el cristianimo y otros que son las fracturas que dejan las bombas en el planeta. Nos guste o no, la verdad que es un lugar que causa cierto revuelo en esta plaza, aunque su nombre lo reciba por la inmensa piña de bronce de 4 metros de altura .
La visita la continuamos por las plantas bajas del ala este si miramos a la piña de frente, allí encontramos salas donde se guardan esculturas griegas y romanas de los siglos I al III d.C. e imágenes de los dioses y algunos monumentos fúnebres. Aunque muchas de ellas han perdido algunas de sus extremidades, otras se muestran totalmente intactas y es un disfrute visual tremendo poder contemplarlas.
Otra de las zonas donde se guardan los elementos más destacados de esta portentosa colección, es en el Museo Misionero Etnológico y especialmente en la Pinacoteca Vaticana, aunque durante la invasión de Roma por las tropas de Napoleón, muchas obras se enviaron al Louvre en París, muchas con el paso del tiempo se recuperaron hoy en día se muestran cerca de 500 piezas a lo largo de dieciocho salas que van desde el siglo XII al XIX, donde no faltan representaciones de escuelas italianas tan prestigiosas como la florentina o la veneciana con Leonardo da Vinci y Tiziano como máximos valedores respectivamente. No hay que perderse los espectaculares trípticos, ni cuadros tan conmovedores como la Transfiguración de Raffaello Sanzio.
Una de las partes que nos hará despertar nuestra pasión viajera, será en el Museo Etnológico Misionero, que contiene obras de arte de todas las misiones pontificias del mundo, entre las que se incluyen objetos procedentes del Tíbet, Indonesia, India, Extremo Oriente, África y América. Sin duda alguna se pretende mostrar como la fe cristiana ha intentado traspasar fronteras y llegar a cualquier lugar, por recóndito que sea, como las tribu de Papua Nueva Guinea o Isla de Pascua.
Por último terminamos la visita a los Museos Vaticanos en el Museo Filatélico y Numismático, una colección bastante nueva, ya que apenas lleva unos 5 años disponible, en la que se recogen todos los sellos y monedas del Vaticano, así como la colección filatélica de los Estados Pontificios. Durante aquellos momentos nada me hacía pensar que al hacer esta foto donde aparecía el alemán Joseph Aloisius Ratzinger que por aquel entonces era el papa número 265 de la iglesia católica y conocido como Benedicto XVI, iba a presentar su renuncia al cargo y nos íbamos a encontrar en el proceso de sucesión que se está llevando a cabo estos días.
Pero sin duda alguna, si ha habido un Papa en los últimos años que haya calado hondo en el respeto de creyentes e incluso gentes de otras culturas y religiones, ese es Juan Pablo II, han pasado ya más de 8 años desde que el polaco Karol Józef Wojtyła muriera y fuera sucedido por Benedicto XVI, pero aún así su sombra sigue siendo alargada y se le sigue recordando con mucho respeto y admiración, prueba de ello es la cantidad de objetos que lo recuerdan a lo largo del museo y que según se conoce, sigue colmando las ventas en cuanto a souvenirs en Roma. Dejando a un lado el sentir religioso, para todo viajero es un gran referente, ya que a lo largo de sus visitas pastorales fuera de Italia, pudo acudir a nada menos que 128 países, desde luego sería un número de lo más respetable para cualquiera, no es para menos que se ganara el apelativo de “el papa viajero”.
Para finalizar tomaremos las escaleras de de Giuseppe Momo, dan salida a los Museos Vaticanos. Estas escaleras en doble espiral fueron diseñadas en 1932, mezclando en la estructura rampas y peldaños, compuesta por dos hélices diferentes, una para subir y otra para bajar que al combinarse forman esa doble hélice. Como singularidad, su forma se asemeja a la estructura que representa el conocido ADN, que contiene nuestra información genética. Al estar en navidad en su base se encontraba un coqueto árbol de navideño
Con esto dimos por finalizada una visita en la que invertimos unas 2 horas y media, por lo que entre ambos recorridos se fue casi en su totalidad la mañana, pero desde luego que mereció completamente la pena. Prueba de todo lo que visitamos, es que nuevamente he partido en dos este día para una lectura más cómoda. En la próxima entrada narraré el resto de la jornada que finalizará con el festejo del fin de año, que por cuarto año consecutivo lo realizaríamos fuera de España y del que ya os adelanto que se pasó francamente bien.
Día 1 – Roma (Parte 2) |
| Día 2 – Fin de Año Roma (Parte 2) ¡próximamente!









































































